“Cómo lavar un corazón” de la poeta inglesa Bhanu Kapil

Sus padres, de origen hindú, se asentaron en un barrio de inmigrantes sur-asiáticos, de clase trabajadora”.

  • Por Ario E. Salazar

Es fatigoso ser huésped en casa ajena a perpetuidad,” nos dice (en el epígrafe que hemos elegido para hablar de su obra) la poeta inglesa Bhanu Kapil, quien nació en Londres en 1968. Cuando nació, sus padres, de origen hindú, se habían asentado en un barrio de inmigrantes sur-asiáticos, de clase trabajadora. En muchas de sus entrevistas y perfiles confiere a Salman Rushdie el motivo de haberle abierto las puertas del lenguaje como una forma de vida, puesto que encontró en esa escritura insumos e influencias necesarias para ir desarrollando su propio amor a las palabras y al acto de crear espacios demoledores con ellas.

Bhanu Kapil es autora de varios volúmenes de poesía entre los cuales podemos enumerar “How to Wash a Heart” (Cómo lavar un corazón, 2020-21), “The Vertical Interrogation of Strangers” (El interrogatorio vertical a forasteros, 2001), Incubation: a space for monsters (Incubación: un espacio para monstruos, 2006), Humanimal [a project for future children]” (Humanimal [un proyecto para la niñez futura], 2009), “Schizophrene,” 2011, y “Ban en Banlieue,” 2015. Su estilo de encarar la hechura de un poema se encuentra siempre marcado por la hibridación de los géneros con una enorme capacidad de crear imágenes, escenarios, o atmósferas potentes que segregan universos -fílmicos y singulares- donde el lector entra, como si a una galería, a palpar de cerca (o en íntima complicidad) un ciclo que no siempre es circular, pero sí enriquecedor al final de la lectura. Esta experiencia de ‘puesta en escena’ o de crear galerías donde el lector interactúa con el texto es muy propio de otro arte que Kapil profesa con mucha destreza: la creación de instalaciones (o puestas en escena) que contienen elementos de crítica y deconstrucción de dinámicas y entramados en temas agudísimos, como la inmigración, el racismo, el colonialismo y poscolonialismo y sus múltiples relaciones de poder. En uno de sus poemas (Humanimal – I want to make a dark mirror out of writing) escribe:

  “I want to make a dark mirror out of writing: One child facing the other, like Dora and little Hans… Writing makes a mirror between The two children who perceive each other. In a Physical world, the mirror is a slice of dark space. How do you break a space? No. Tell me a story Set in a different time, in a different place. Because I’m scared. Scared of the child I’m making…”    “Quiero labrar un espejo oscuro hecho de escritura: un niño frente a otro, como lo están Dora y el pequeño Hans… La escritura construye un espejo entre los dos niños que se perciben entre sí. En un mundo físico, el espejo es un pedazo de espacio oscuro. ¿Cómo rompes un espacio? No. Cuéntame una historia que suceda en otro tiempo, en un espacio diferente. Porque estoy asustada. Temerosa del niño que estoy haciendo…”

No escojo la cita a ciegas. Dos razones me impelen a hacerlo. Primero: el libro al que pertenece fue publicado en el 2008 (Humanimal), y segundo: a pesar de la explicación que nuestra autora da con respecto al génesis de su nuevo libro Cómo lavar un corazón, casi podríamos decir que la cita anterior bien pudiera ser como un epígrafe más que contiene los elementos del libro que hoy nos ocupa, How to Wash a Heart, obra que se hizo con los premios de poesía Windham-Campbell (Reino Unido) y T.S. Elliot (EEUU) en el año 2020.

Los poemas de éste volumen son intensos, líricos, temáticamente ricos y exploran sin duda uno de los temas menos explorados en la poesía anglosajona: la relación de poder que existe entre el huésped y el anfitrión, cuando el anfitrión habita y fortifica su círculo de poder al cual “invita” a un forastero (a una forastera, en el plano de la obra) y en donde esa bondadosa muestra de humanidad se vuelve un martirio para ambos partidos, como resultado de la casi inmediata receta de otredad que el anfitrión le encaja a su huésped. Dada la tensión con la que toma el arco de esta relación tan llena de rupturas y contradicciones, una relación donde el miedo al otro, la exotización del otro, y por último la deshumanización del otro se conjugan con íntimos y públicos temas de tabú, esta obra se lee a galope… de un tirón. Galería tras galería el lector va avanzando en un mundo de dinámicas sinuosas, hechas casi como con pegatinas que van desenrollando las complejidades de un protocolo viciado de virtudes falsas que marcan la orilla del poder y desenmascaran las debilidades de la supremacía racial blanca sin tantos rodeos. Desde el comienzo, en su primera página, la poesía comprimida e híbrida de Kapil nos pone al frente de la mar que vamos a cruzar:

“No me interesa embellecer nuestro trauma colectivo.

Tu brillantez sexual residía, a veces me lo dije,

En tu habilidad de poder decir,

Sin importar cuáles fueran las circunstancias exteriores:

‘Estoy aquí.’

Desde esa postura, tú solo diste

Unas limitadas palabrotas

Sobre el futuro.

Día tras día descubriste lo que es la felicidad.

En mi capacidad de huésped, me entrené

Para embellecer

Nuestro trauma colectivo.

Cuando la noche al fin llegó, con un suspiro me dirigí

Hacia la sombra.

Estoy por destripar un huevo, tú

Murmuraste

Mientras me dabas el beso

De las buenas noches.

Hay que celebrarle un funeral a la imaginación, Pensé.

Esta entrada hace pensar en el motivo recurrente del Demian, de Hesse, o en aquellas líneas de Ann Sexton que dicen: “Today life opened inside me like an egg/ and there inside/ after considerable digging/ I found the answer.” (Hoy la vida se abrió dentro de mí como un huevo/ y ahí, dentro/ después de escarbar un poco/ encontré la respuesta.) En ¿Cuáles son las consecuencias del silencio?, uno de sus poemas del libro El interrogatorio vertical a forasteros Kapil nos decía:

“That’s how it begins: impenetrable… These words took years to arrive.”

“Así es como comienza: impenetrable… Estas palabras han tardado años en llegar.”

Y quizá cueste más alambicar, esperar en silencio esos vientecillos de virtud que después de ser gota se vuelven torrente en la obra Kapil cuando lo que se lleva tatuado -no sobre la piel, sino dentro, en el alma- es la catástrofe de no pertenecer a un paisaje específico, a una tradición inamovible, innegable, y en vez de ello, lo que se tiene es la sensación gelatinosa de que cada paso es como un dogal que marca la senda circular de un vacío o un choque existencial y perpetuo en el destierro. Por eso en la página 35 de Cómo lavar un corazón, leemos:

“Seda, rubíes, escrituras

Que fueron consignadas de derecha

A izquierda.

Una camisa hecha de puro algodón.

Zarcillos

Arrancados de sus orejas

En un solo gesto.

Una bicicleta Raleigh.

Todos los tomos Arden de Shakespeare.

La capa de enfermera que me puse cuando iba a la universidad.

Una pintura de cuatro casas

En una calle inglesa:

Azul pálido y mantequilloso

Amarillo.

¡Oh todo!

Zapatos.

O lo tiramos todo a la basura

O nos lo quitaron

En una inmensa ola hirviente

De ganancias humanas.

No hay tal cosa

Que se llame piel.”  

Ya lo decía e.e. cummings: “El progreso es una cómoda enfermedad: tu víctima (la vida y la muerte salvaguardadas más allá) juega con la grandeza de su pequeñez.” A pesar de que este poemario está enraizado en una inspiración fundamental donde el cuerpo, las emociones, y la especulación estética toman un volumen casi feral en varios instantes de la obra, la sensación que nos deja su puntual y crítica lectura es la de una autora que ha mancornado hechos reales y aparentemente alienados entre sí en esa suerte de espejo octópodo y nodal que rompe un espacio cómodo, rectilíneo, amablemente violento y después de todo, brutal. Poesía de corazones rotos, cardiomiopatía Takotsubo en verso, trampa de pulpos que te atrapa y te muestra que el estrés de un corazón roto puede ser letal, pero puede también transformar el martirio en una fuente de fuerza interior que sacude los fundamentos de lo que por horror a temores desfasados los racistas nunca quieren develar ni que se desvele por ellos. He aquí pues, un espejo indestructible que puesto frente a su destinatario muestra el rostro espiritual, atroz y verdadero, del Dorian Gray moderno.

A.E.S. – Julio 31, 2021 (todas las traducciones para esta nota fueron hechas por el autor de la misma)

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