Mujeres indígenas asumen liderazgo en recuperación de territorios

Costa Rica: con el apoyo de UNFPA se consolidó una agenda con una visión de género, sobre las acciones que se requieren para la defensa efectiva de las tierras de los pueblos autóctonos“.

  • Por María José Núñez Chacón

“Siempre digo que hambre nunca hemos aguantado, pero sí hemos recibido mucha violencia de parte de las personas no indígenas. Llega un momento en que uno se hace como inmune, que ya a uno no le importa esa violencia. Mi sueño es que nos entreguen la finca, saber que no va a venir ningún “sikua” (no indígena) a molestar, a romper nuestra paz, lo ideal sería que todos los territorios sean nuestros, de nosotros los indígenas, que no haya ningún usurpador”.

Estas son las palabras de Virginia Lezcano Ortís, defensora de territorio indígena Crün Shurín de la zona de Térraba en Costa Rica, quien es parte de un grupo de lideresas que participaron de un proyecto de capacitación y empoderamiento, con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Por su parte, Roxana Figueroa, también defensora del territorio indígena Crün Shurín, Térraba aseguró que están en constante peligro, porque los no indígenas que buscan apoderarse de sus tierras, llegan con motos y carros, incluso en ocasiones las han atacado, a ella y a su hermana.

Precisamente, la iniciativa desarrollada por Naciones Unidas con estas lideresas indígenas y otras de los territorios de Cabagra, Salitre, Térraba y China Kichá, en el Pacífico Sur de Costa Rica, busca fomentar la participación de las mujeres en situación de vulnerabilidad y promover la coexistencia pacífica en esos territorios que se encuentran en riesgo de conflicto.

“Mi sueño es que todos estemos viviendo como hermanos dentro del territorio, que no me sienta más que aquella persona, porque desde el inicio somos iguales.  Mi sueño es que mi hijo sea feliz y que valore el esfuerzo que hoy nosotras estamos haciendo, y los compañeros de Salitre”, confesó Figueroa.

Roxana se dedica a las manualidades y artesanías para ayudar a la economía de la familia, pues asegura que una vez que lograron la recuperación del territorio no pueden salir a trabajar, “hay que cuidarse de la invasión”.

Las historias de temor, violencia y sufrimiento se repiten para los pueblos indígenas en Costa Rica, sobre todo para sus mujeres, que no sólo experimentan el ataque de quienes buscan adueñarse de sus tierras, sino también de una sociedad machista que las violenta y ataca constantemente.

Virginia y Roxana son parte de ese grupo de mujeres indígenas que se han convertido en recuperadoras de territorios, a quienes las situaciones de violencia a lo largo de su vida, les ha generado un desgaste físico y emocional, que ha incidido en su salud y tejido social.

Como resultado de esta iniciativa y el trabajo participativo de las mujeres se consolidó una agenda que incluye la visión femenina de las acciones que se requieren para la defensa efectiva de estos territorios indígenas.

Según contó Paula Antezana, Jefa de Oficina del PNUD en Costa Rica, la finalidad de este proyecto era fortalecer las redes de mujeres indígenas para promover el diálogo que les permita resguardar sus derechos, promover la paz y la seguridad a nivel local.

Con el objetivo de buscar una mayor visibilización y participación en su papel de defensoras de los territorios, con miras a la recuperación económica, social y cultural de los mismos. 

Además, la agenda desarrollada por ellas mismas se constituye en un instrumento de consulta para autoridades y funcionarios públicos de diversas instituciones, encargados de velar por el cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres indígenas, a través de acciones institucionales y políticas públicas.

“Presentamos los resultados de un proyecto dirigido a amplificar la voz de las mujeres que histórica y estructuralmente no han sido escuchadas y que se han enfrentado cotidianamente a desigualdades y vulneraciones que afectan sus derechos humanos”, detalló Antezana.

En este proceso las han apoyado para que encuentren espacios donde se acuerpen, desde los cuales han descubierto la importancia del trabajo en conjunto, no solo para fortalecerse, sino para generar estrategias que les permitan dialogar y ser escuchadas.

Desde esta visión, la UNFPA tiene claro que la búsqueda de paz ante cualquier situación conflictiva debe tomar la perspectiva de género, pues en realidad no se encontrará el equilibrio si existen situación de violencia contra las mujeres; y en contextos donde muchas veces sus condiciones son invisibilizadas, es vital brindarles dichos espacios.

En este sentido, la agenda (que se recoge en un documento impreso) cuenta con una serie de ejes donde las mujeres plantean las acciones prioritarias en términos derechos territoriales y ambientales, sociales y culturales, económicos y de soberanía alimentaria, participación política, así como planteamientos para vivir libres de violencia. Todo desde una metodología vivencial.

“Ese es nuestro vivir de todos los días (el temor), nosotros aquí un día que amanecemos es un día más de vida, porque ya estamos amenazados. El sueño mío es que regeneremos los bosques, mi sueño es la vida, simplemente; porque uno sin territorio, sin un área donde uno se sienta bien, no es vida”, declaró Mariana Delgado, defensora del territorio indígena Salitre.

Elides Rivera, defensora del territorio indígena Térraba contó que quisiera decir que no tiene miedo, pero siempre tiene que andar con precaución ante la amenaza de quienes buscan apoderarse de sus tierras.

“No podemos salir y ser libres, tenemos que andar con mucho cuidado. Yo tengo que dormir cuidándome; no quiero eso, yo quiero que mis hijos y mis nietos sean libres, vivir sin tanta presión, sin tanta violencia, a donde podamos disfrutar de nuestro espacio”.

Un gobierno sordo ante la ley

Uno de los casos más conocidos en Costa Rica, aunque no el único, es el conflicto en la comunidad de Salitre, una zona indígena, que se ha visto severamente amenazado en los últimos años por actos violentos y ataques contra sus dirigentes, ante la inacción del gobierno costarricense.

La Ley Indígena Nº6172 del año 1977, en su artículo 3, establece que los territorios de estas reservas “son inalienables e imprescriptibles, no transferibles y exclusivas para las comunidades indígenas que las habitan” y que “los no indígenas no podrán alquilar, arrendar, comprar o de cualquier otra manera adquirir terrenos o fincas comprendidas dentro de estas reservas”.

No obstante, durante mucho tiempo estas tierras han sido ocupadas por personas no indígenas que se apropiaron de los terrenos de diversas formas, ya fuera a la fuerza o comprándolos, pese a que es un acto ilegal.

Esta situación ha generó que los pueblos indígenas decidieran unirse para recuperar sus territorios, lo que conllevó a un incremento de la violencia en la zona, que incluso provocó el homicidio del dirigente indígena Sergio Rojas, en el año 2019, un hecho que generó conmoción a nivel nacional e internacional.

De hecho, en el año 2015 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos estableció medidas cautelares que ordenaban que el Gobierno de Costa Rica tomar las medidas para garantizar la vida y la integridad de los pobladores indígenas de los pueblos Bribri y Teribe en Salitre, frente a las constantes invasiones de las personas no indígenas en sus tierras, sin embargo, la respuesta estatal ha sido casi nula.

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