Mujeres indígenas de Paraguay: 40 años de lucha

Se han organizado ante el hambre, la falta de tierra, las diferentes formas de violencia, el analfabetismo, la mortalidad materna, la sobrecarga de trabajo, la preocupación por los bosques y el agua”.   

  • Por Dra. Myrna Cunningham

Esta semana el Presidente de la República de Paraguay recibió el Plan Nacional de Pueblos indígenas que es el resultado de un proceso participativo de seis años entre instituciones del gobierno y organizaciones indígenas. Inició después de la Conferencia Mundial de Pueblos Indígenas en la ONU en donde los Estados adoptaron un Documento llamando a la formulación de Planes de acción para implementar la Declaración de la ONU sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. En América Latina, Paraguay y El Salvador asumieron el desafío. 

En Paraguay hay alrededor de 117.000 personas indígenas, que pertenecen a 19 Pueblos, siendo el Pueblo Mbya Guaraní, con 20 mil personas el de mayor población, y el Pueblo Tomaraho, el de menor población, con 152 personas. La relación entre estos Pueblos y el Estado paraguayo ha sido muy accidentada. Entre los capítulos atroces, está el documentado genocidio sufrido por el Pueblo Aché, una comunidad de cazadores y recolectores nómadas que residían en la región este, quienes fueron asesinados, vendidos después de ser capturados en cacerías humanas y esclavizados, hace apenas unas décadas.

Hasta la fecha mujeres y hombres indígenas continúan luchando, demandando el respeto y restitución de sus tierras y acceso al agua. En una visita que hizo la Relatora Especial de Pueblos Indígenas de la ONU en 2015, declaró que la tasa de pobreza entre ellos es de 75% y 60% pobreza extrema.

A pesar de representar apenas el 2% de la población, los Pueblos Indígenas del Paraguay han protagonizado una lucha continua para reconquistar sus derechos humanos individuales y colectivos históricos.   Así se encuentra el Capítulo V de la Constitución Nacional aprobada en 1992, que incorpora entre otros derechos el principio de la participación, al establecer que se garantiza a los Pueblos Indígenas el derecho a participar en la vida económica, social, política y cultural del país, de acuerdo con sus usos consuetudinarios, la Constitución y las leyes nacionales. Al ratificar el Estado de Paraguay el Convenio 169 de la OIT en 1993, el gobierno se comprometió a asumir la responsabilidad de desarrollar, con la participación de los Pueblos, una acción coordinada y sistemática con miras a proteger sus derechos y a garantizar el respeto de su integridad, además de consultarles de buena fe a través de sus instituciones representativas sobre los asuntos que les conciernen.

Una victoria en esa lucha fue la aprobación del “Protocolo para el proceso de Consulta y Consentimiento Libre, Previo e Informado con los Pueblos Indígenas del Paraguay”, Decreto 1039 del 28 de diciembre del 2018. Con ese protocolo buscan hacer cumplir las leyes, convenios y tratados internacionales, además de garantizar su participación en cualquier ley o proyecto de empresas públicas o privadas que puedan afectar sus derechos a la tierra, territorios, la vida y los medios de vida tradicionales.

El Plan Nacional de Pueblos Indígenas tiene entre sus ejes temáticos tierra, territorio, recursos naturales, espiritualidad, seguridad alimentaria, artesanía, mujer, identidad, vivienda, niñez, salud, educación, juventud. Identifica las acciones prioritarias para efectivizar los derechos de los Pueblos establecidos en la Constitución Nacional y las normativas internacionales promoviendo con ello la plena adopción del enfoque de derechos humanos en las relaciones entre el Estado y los Pueblos Indígenas, promoviendo la practica de la consulta de buena fe y la cooperación, en base a los principios de justicia, democracia, la no discriminación y las relaciones interculturales. 

La participación de las mujeres indígenas del Paraguay ha cambiado radicalmente a lo    largo de estos procesos.  Han ganado visibilidad y mayor protagonismo en espacios públicos, colocándose en lugares de liderazgo nacional, regional e internacional, como son los casos de María Luisa, Hilaria, Daniela, Tina, Bernarda. Ellas valoran, sin embargo, que aun falta mucho para estar en espacios de decisión política. Reconocen que son portadoras de conocimientos y prácticas de espiritualidad, cuido de la tierra, el agua, los bosques. Sus principales demandas se refieren a un ambiente sano y saludable, el derecho a la soberanía alimentaria, el enfrentamiento a las diversas formas de violencia. 

Por ello se han organizado de distintas maneras. En 2014 avanzaron en la construcción de la Articulación de Mujeres Indígenas del Paraguay (MIPY), cuando celebraron con la participación de mas de 100 mujeres, el “Primer Encuentro de Mujeres Indígenas de Paraguay – Defensoras de la identidad y de la vida”, co-organizado con el INDI y la cooperación de ONU Mujeres, UNICEF, la Unión Europea y el FILAC, y con el apoyo de la organización no gubernamental Tekoha y la Coordinación Nacional Pastoral Indígena (CONAPI). 

En 2016, organizaron el Encuentro Transfronterizo de Mujeres Indígenas del Gran Chaco Americano, como un “espacio para visualizar la situación de la tierra, la cultura, la seguridad alimentaria, la violencia interna y externa contra mujeres”.  Se autodefinen como descendientes de Pueblos que valoraban a las mujeres, pero que sus comunidades han sido impactadas por “la colonia, que ha traído el machismo, no valora a las mujeres, y nos dicen que sólo servimos para la cocina, para limpiar los trapos sucios de todo mundo”. 

Además de trascender fronteras como mujeres indígenas, también han construido alianzas con mujeres campesinas y trabajadoras no indígenas, como es el caso de la Coordinadora Nacional de Organización de Mujeres Trabajadoras, Rurales e Indígenas (CONAMURI), una   organización autónoma de mujeres, creada “frente a la angustiante situación de pobreza, discriminación y exclusión por razones de clase, etnia y género”. 

El 15 de octubre de 1999, en el Día Mundial de la Mujer Rural, se reunieron más de 300 mujeres trabajadoras, campesinas e indígenas, de aproximadamente 100 comités de mujeres de diversas organizaciones y comunidades de casi todos los departamentos del país para crear la organización. Sus ejes de acción son:  soberanía alimentaria y derechos económicos, sociales, culturales y ambientales; mujeres con igualdad de derechos y una vida libre de violencia; y, fortalecimiento organizativo. Como ellas mismas han señalado, se han organizado ante “el hambre, la falta de tierra, las diferentes formas de violencia, el analfabetismo, la mortalidad materna, la sobrecarga de trabajo, la preocupación por los bosques y el agua, ya que estábamos sintiendo la falta de agua y leña.”

Las mujeres indígenas de Paraguay, consideran que, a lo largo de estos procesos, han enfrentado “tropiezos”, pero que, frente a las opiniones negativas, han seguido construyendo espacios que les ha permitido “discutir como mujer, como persona, como pueblo, como quieres que te traten, como quieres que tu palabra sea válida”. 

María Luisa Duarte, una líder Aché destacaba que la organización permite el “empoderamiento de derechos, como persona, como mujer” y, agregaba que es importante valorar el aporte colectivo, “la mirada de la mujer siempre ha sido colectiva y política” y que los “conocimientos también son poder y sabiduría”, por eso “creemos en las capacidades de las mujeres”.  Ella nos dice que sus “40 años de lucha indígena, ha sido una experiencia muy linda”.

Las mujeres indígenas participaron desde 2015 en la elaboración y validación del Plan Nacional de Pueblos Indígenas. Hilaria Cruzabie, del Pueblo Guaraní Occidental,  nos recuerda que el plan incorpora los sueños, “ no sólo como éramos y somos, sino que incluye como nos queremos ver, como nos soñamos”, y por eso  “queremos que sea una política de Estado, que trascienda gobiernos y sea un instrumento para que el Estado cumpla con sus obligaciones con nuestros Pueblos”, pero agrega que “también debe servir para llamar a la responsabilidad a otros actores públicos y privados, que tienen mucho que ver con la vida de nuestras comunidades”.  

Las mujeres indígenas del Paraguay, nos enseñan que, aunque estemos viviendo “cambios muy fuertes”, si todos asumimos la espiritualidad y florecemos de diversas formas y colores, “podemos volver a sanar, por la vida de todos los seres vivientes y la Madre Tierra”.   

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