Soñamos con juntarnos… abrazarnos, compartir energías, llorar y cantar

En un tiempo en el que el miedo al contagio del COVID-19 ha estado presente”.

  • Por dra. Myrna Cunnyngham

Covid-19 fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace un año. A lo largo del mismo, el mundo entero ha vivido una terrible pesadilla, pero para los Pueblos Indígenas, ha sido horrible. El virus obligó a las mujeres indígenas a asumir una vez mas, la enorme carga de ser resilientes. Y lo hemos hecho, con un gran peso en nuestros corazones, porque no ha sido fácil aceptar la transición de tantos seres queridos hacia la dimensión espiritual, la ausencia física de tantos ha sido dolorosa, como ha dicho una hermana, “aún cuando entiendo el proceso espiritual, mi corazón está destrozado”.

Nuestra cosmovisión explica y sustenta la ausencia física, como nos recuerda una hermana: “los seres humanos con sus inventos y desequilibrios crearon el virus; con su avaricia crearon desigualdades y abandonos en los territorios y ahora, la Madre (Tierra) con amor, dolor y fuerza está intentando limpiar todo esto que lleva años saliéndose de control. Pero la Madre Tierra, la Hytcha Guaia, no puede hacerlo sola…. por eso ha partido gente buena, gente fuerte y gente sabia… lideres, taitas, médicos…  Y, no es en vano. Su trabajo en la tierra es digno, valeroso…  Por esa razón,  la Madre los llama, porque necesita sus espíritus, espíritus de lucha y resistencia, que le ayuden a limpiar y sanar lo que otros hermanos han dañado y contaminado”, y agrega “ ahora  son espíritus guardia, de fuerza, luz y aliento de la Madre Tierra… por eso han sido elegidos… duele, duele mucho, pero nosotras, como indígenas,  sabemos que cada vida que llega, no es en vano, y sabemos también, que cada partida tampoco lo es…les agradecemos a ellos y ellas, a sus familias, el sacrificio y la gran ofrenda que le dan a la Madre Tierra, y el gran servicio que le darán a nuestra Hytcha Guaia”.

Para nuestros pueblos, el virus fue apenas uno de los factores y, en muchos casos fue el pretexto para seguir imponiendo concesiones sobre territorios y recursos indígenas; sirvió para justificar el aumento del racismo, visibilizar y profundizar las desigualdades, las violencias y la criminalización ante la lucha. Desde el inicio de la pandemia en nuestra región, la tercera parte de defensores ambientales y territoriales asesinados, han sido mujeres y hombres indígenas.

Aunque entendemos que la “entrega de nuestros seres queridos es de una Madre a otra Madre…a la Madre Tierra”, la verdad es que  muchas veces, cuando el dolor nos doblegaba, soñamos con juntarnos nuevamente como hermanas; abrazarnos, tomarnos de las manos para compartir energías, llorar y cantar juntas; pero no nos hemos dejado vencer, en cambio, hemos escondido los dolores en lo más profundo de nuestros corazones, y, juntas, cada una desde su comunidad, hemos tejido nuevamente hermosas historias de solidaridad, amor, coraje  y resiliencia basadas en la espiritualidad, continuidad cultural y trabajo integral,  complementando derechos individuales y colectivos.  

La espiritualidad ha sido promovida por las mujeres indígenas a través de la celebración de rituales de sanación, resistiendo con oraciones, cantos, consejería espiritual, buscando restablecer el equilibrio físico-mental y enfrentar los impactos generados por la crisis. Hay casos en los cuales han realizado rituales de purificación y protección para el personal de salud pública, para reconocer su trabajo, transmitirles serenidad, calma y conocimientos sobre la medicina tradicional indígena.

Las actividades de las mujeres indígenas se han orientando a prevenir el contagio, proteger a los miembros de las familias y las comunidades, y contribuir a generar condiciones para la sobrevivencia física, mental y espiritual, tanto individual como colectiva de sus pueblos; tal como lo estableció la Plataforma Regional Indígena frente a COVID 19, constituida por Organizaciones Indígenas, el Foro Indígena Abya Yala y FILAC.  Las medidas han estado asentadas en los conocimientos y prácticas ancestrales de sus pueblos.

Este año, las mujeres indígenas han sido protagonistas de innumerables experiencias de revitalización de medicina tradicional indígena, coordinando entre los diversos sistemas de salud, realizando en conjunto visitas casa a casa, fortaleciendo medidas de prevención y curación interculturales, o como parteras para ayudar a dar vida en un tiempo en el que el miedo y el temor al contagio del COVID19 ha estado presente. Han fomentado la utilización de plantas, el fuego, el agua, la sal, las piedras, para desinfectar, para el cuidado personal y comunitario.  

Se ha observado que el valor ancestral de la reciprocidad se ha multiplicado. Hay numerosas experiencias documentadas de “Mingas” de comida, semillas nativas, productos del mar, del bosque, compartiendo agua, productos para desinfectar, hasta barbijos, todo para fortalecer el cultivo familiar-comunitario, y dinamizar las economías locales recreando valores, sistemas alimentarios, practicas productivas y principios ancestrales.  

En los procesos de revitalización de estas prácticas, el intercambio entre generaciones ha sido fundamental. Hay casos en los que han entrenado a niñas y mujeres jóvenes en la fabricación de mascarillas reutilizables o en la elaboración de toallas sanitarias para distribuir a mujeres y niñas.  Hay casos excepcionales que siguen documentándose, como la organización AMAN en Indonesia, dirigido por una joven mujer indígena, que, en abril del 2020, ya había concluido con el inventario de alimentos en 23,000 comunidades, para conocer necesidades, con una proyección de dos años. Hoy, esa organización cuenta con miles de jóvenes, que están regresando a sus comunidades de origen para integrarse a actividades productivas, especialmente agricultura y con ello asegurar la soberanía alimentaria indígena.

Las jóvenes han elaborado y difundido mensajes en lenguas indígenas y en algunos casos han utilizado eventos públicos, parlantes comunitarios, visitas a casas y radios comunitarias para divulgar información sobre la COVID-19, incluso han capacitado sobre el uso de las redes sociales. Han capacitado sobre salud reproductiva, higiene, valores nutricionales e inmunológicos de alimentos tradicionales, promoción de producción y consumo sano. 

El bien común, colectivo de las actividades promovidas por las mujeres indígenas se ha complementado con medidas para asegurar también, el ejercicio de sus derechos humanos individuales. Ante el incremento de casos de violencias, están utilizando nuevas tecnologías para registrar y documentar casos, están adoptando una diversidad de medidas para responder a los casos, incluyendo revisión de rutas para el   acceso a la justicia, consejos familiares y comunitarios, así como la prestación de servicios integrales.

Este año de pandemia nos ha enseñado que la continuidad cultural de nuestros pueblos, depende de las posibilidades de ejercer nuestros derechos como mujeres, pero junto con las condiciones para ejercer los derechos colectivos de nuestros pueblos. Hemos comprobado que el virus no puede destruir nuestros conocimientos, nuestros mejores valores, la solidaridad, ni impedir que nos organicemos para sacar lo mejor de nosotros, como mujeres, como personas, como pueblos, como humanidad.

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