¡Si yo no me siento, doctor!

Obesidad y COVID-19

  • Por Dr. Aldo Hernández Aguilar

Parte II

Es la inmediata respuesta que recibo de la mayoría de los pacientes de la Clínica Metabólica, cuando recomiendo: “Usted debe caminar saludablemente todos los días”. Ellos asumen automáticamente que sus actividades físicas cotidianas equivalen a ejercicio saludable, que sus caminatas para desplazarse por razones de obligaciones caseras, laborales u otras motivaciones son suficientes para evitar o combatir la obesidad. Y sin mucho análisis, por sentido común, revisando que si así fuera, haciendo únicamente esos movimientos ya abrían disminuido o por lo menos, mantenido su peso. Categóricamente afirmo que no funciona, y  va más allá de ello, e implica disponer, como mínimo: una caminata saludable.

En la primera parte de mi artículo anterior, me referí a los esfuerzos asociados a la alimentación saludable para evitar o sanar la obesidad. Lo hice exponiendo que, para vencer dos grandes influjos sistemáticos: el pensamiento neoliberal de consumir desmedidamente “comida cero nutritiva” y la conducta cultural de ingerir comida típica. Demostrando que no basta solo aprenderse un listado de alimentos y calorías, se requiere de: motivación externa, interna y voluntad disciplinada para mantener el peso ideal.

Todo lo anterior en un contexto nuevo, una pandemia que mata principalmente a las personas con obesidad o a las personas que tienen enfermedades crónicas propiciadas por la obesidad, como la hipertensión arterial y la diabetes mellitus tipo 2.

La obesidad es una enfermedad donde nuestra piel y órganos internos acumulan exceso de grasa (llamada técnicamente: panículo adiposo) y se diagnostica al verificar que el diámetro del abdomen supera 80cm, o cuando al hacer una medida especial llamada: Índice de Masa Corporal, que no es más que dividir el peso en kilogramos entre el cuadrado de la estatura en metros. (Kg/m²). El valor normal es en personas mayores de 12 años: 19 – 24.

Para tratar o prevenir esa enfermedad se auxilia de dos herramientas, la alimentación saludable,  de la cual hablamos anteriormente y del ejercicio saludable.

De la misma manera que los factores explicados condicionan lo que comemos o no, así condicionan nuestra actividad. Es decir, hay dos sistemas que se resisten como la fricción a nuestra salud nutricional, y por lo tanto, salud en general. Esas redes invisibles obstaculizan continuamente nuestra actividad física saludable. Lo hacen, al fomentar actividades de entretenimiento estático como: mirar inactivamente cine y televisión por horas, acortar las horas del sueño, juegos de videos, trabajos sentados por largas horas: permanencia frente a computadoras, “call center”, atención al cliente, motoristas, posiciones fijas en maquilas, entre otras. Todo ello implica: ir en contra de la corriente y empeñarse en dedicar un tiempo exclusivo mínimo de treinta minutos cada día para fomentar tal actividad.

Tal actividad física saludable, a la que reduzco para fines de facilitar su cumplimiento, a una: “caminata saludable”, permite que esencialmente (y dicho en términos sencillos) cada músculo utilice diariamente cada reserva de grasa y active la formación de proteínas especiales (HDL) que retiren las grasas de la capa más íntima de las arterias coronarias (únicas arterias medianas que nutren al corazón), arterias cerebrales y arterias renales. No es, como popularmente se ha creído, para sudar, sino para activar el uso de la grasa por cada músculo del cuerpo. A menor grasa acumulada, menor número de células para guardarla y menor sobre sobreesfuerzo del corazón por nutrir ese exceso de células. Además, menor daño a las vísceras donde se acumula y menor grasa fluyendo pegajosa pegajosamente en las arterias, por lo tanto, menos riesgo de daños a cerebro, corazón y riñones. La importancia es evidente. Vale la pena tomarse en serio la caminata saludable.

Resumo las recomendaciones:

-Calcular peso ideal para tener una meta,

-Conseguir una báscula portátil para medir peso una vez por semana,

-Seguir las recomendaciones de la alimentación saludable simultáneamente a la caminata saludable.

-Practicar la caminata en cualquier sitio, exterior o interior, independientemente del área,

-La caminata para que sea verdaderamente saludable debe cumplir los siguientes requisitos (Las seis “R”):

El mínimo de la caminata es 30 minutos (1000 pasos).

1. Rumbo sin establecer (para diferenciar de caminatas con otro fin)

2. Ruta sin planear (para no confundir con desplazamiento por itinerarios laborales o religiosos)

3. Ropa cómoda (no chumpas, sweters, sudaderas, etc.)

4. Regularmente (los siete días)

5. Relajado (pensamiento concentrado en la actividad)

6. Ritmo de premura (no correr, ni trotar)

No es la única manera de actividad física saludable, como lo he explicado, se puede agregar otras actividades, tales como: uso de máquinas elípticas, danza, natación, ciclismo, gimnasia, etc. Pero, como mínimo sugiero la descrita. Finalmente debo aclarar que hay muchos otros beneficios para la salud  producidos por la actividad física, y otros daños provocados por la obesidad. Sin embargo, baste mencionar el impacto de la obesidad en la salud cardiovascular (eje indiscutible de la vida digna) y el combate de la misma para la prevención de complicaciones por el COVID-19.

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