“Construyamos un nuevo sistema basado en justicia y equidad para todos y no en el autoritarismo o totalitarismo”

Opinión por Josh Saintway

Sólo quien vive en la esperanza, vive como debe vivir, vivir y animar a quienes nos rodean de manera que seamos motivados en base a la esperanza es un gran desafío hoy, ante el miedo y el terror propagado por las diferentes estructuras perversas de poder. Se trata de hacer una labor contracultural mucho más consiente e intencionada, guardar medidas adecuadas con educación y respeto, alejando paulatinamente todas aquellas emociones que pueden llegar a inmovilizarnos, dando espacio para pensar y actuar de forma diferente, más resiliente y creativa.

En estos momentos donde hay multitudes de dudas y confusión necesitamos ser empáticos y solidarios en el dolor, evitar las frases ofensivas desde lo personal y las llamadas redes. ¡Somos hermanos!, ¡de un mismo pueblo y mundo!, sin hacer distinciones de cualquier tipo, mantenernos en una actitud atenta y amable con quienes necesitan algún tipo de apoyo, es un esperar con dolor por aquellos que se han marchado y un esperar, con la confianza de poder ofrecer perdón y una nueva vida a los que vuelvan.

Son tiempos en los que necesitamos recobrar la fe en un Dios de la vida, ¡de mantener viva esa llama que tanto necesitamos hoy!, ¡pero no de manera fundamentalista, alienante, enajenante y ambivalente! –desde cualquier credo personal o familiar que se tenga– intentar ser lo más tolerante posible e hilvanar una nueva manera de pensar en base a la justicia, sin embargo, esa fe muestra su vitalidad en permanentes reformas, viviendo, a pesar de todas las pruebas en contra, de la experiencia de la esperanza indestructible.

Es tiempo de enfocarnos en nuestro autocuidado, el cuidado familiar, comunitario, de país y planetario, ¡de manera holística!, sin perder de vista que en el servicio al pobre exige una conversión y una purificación constantes, ya que en su momento tenemos contacto con sectores vulnerables y excluidos que han sido utilizados y que muchas veces no se ven como sujetos para la práctica del amor, la solidaridad, la compasión y bondad.

El conocimiento y la práctica de fe en un Dios de la vida, nos hace identificar los signos de los tiempos, en donde el sistema opresor y excluyente debe ser desenmascarado y desechado, de tal forma que podamos tener presente construir un nuevo sistema donde haya justicia y equidad para todas las personas y no en base al poder y/o cualquier tipo de autoritarismo o totalitarismo, ya que las estructuras del auténtico poder son estructuras que encarnan el correcto uso del poder: el poder del servicio, el poder del compartir, el poder de la solidaridad y el amor, el poder de la fe y el compromiso, el poder de la esperanza…

La sensibilidad y empatía debería darse de forma más natural e intencionada entre nosotros, más que todo y actualmente en los llamados centros de contención –llamados popularmente albergues– impuestos por el gobierno. Mantenernos atentos y evitar en la medida de lo posible ridiculizar y denigrar el dolor, la tristeza, depresión, angustia y preocupación de esas voces que merecen ser escuchadas por humanidad, ¡que son nuestros hermanos que atraviesan esta difícil situación de confinamiento!, que más parece una privación de libertad ampliada…

Sin duda uno de los mayores beneficiados ha sido nuestro planeta, ¡nuestro gran prójimo al que hemos descuidado!, los niveles de ruido y humo se han minimizado significativamente, también los seres no humanos han resurgido, han recobrado terreno de tal forma que la naturaleza se ha renovado y nos damos cuenta con sumo horror que la verdadera plaga ¡somos nosotros!, lo cual debería ponernos a reflexionar y tomar acciones para vivir de manera mucho más ecológica como parte del medio ambiente y no mantenernos ajenos a estas problemáticas y brindar propuestas de acciones concretas para salir delante en ello.

Hay cosas dignas y aparentemente sencillas y pequeñas que tienen mucho más significado del que podemos resaltar en este crisis: la calidez de un beso, el afecto de un abrazo, escuchar la sonrisa de quienes amamos, la luz del sol, el viento susurrar entre las hojas de los árboles o plantas, el canto de las aves, el zumbar de las abejas, el trinar de los grillos, el color de las flores, ¡esa bendita oportunidad de hacer mejor las cosas no tiene precio!, a pesar de lo que sucede a nuestro alrededor.

Finalmente este es un tiempo que la mejor forma de aprovecharlo es revitalizando y sacando todo lo mejor de nosotros, fortaleciendo la espiritualidad sana y el tejido social al interior del seno de la familia. Se ha dicho en forma bella y profunda que nuestro Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación, y la esencia de la familia que es el amor.

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