“La crisis del COVID-19 nos empuja a revisar algunos nudos, a desatarlos y volverlos a atar”

A reconstruir escombros de ruinas, a no romantizar el #QuédateEnCasa.

  • Por Ramiro Guevara

Podemos traer a la memoria la gripe aviar, la H1N1 o gripe porcina y hoy el COVID-19, que dentro de los múltiples orígenes está la versión de que ha nacido por contagios causados de personas que comieron cierto tipo de carne animal. Su origen aún es fuente de discusión, pero lo cierto es que este tipo de crisis también pone en cuestionamiento ese trato, esa relación constante entre humanos y animales. Relación desigual, de violencia y holocausto, se vea por donde se vea.

Slavoj Zizeck, el filósofo esloveno, sacudió a través del Russia Today, aun cuando la crisis todavía no se había agudizado, en los últimos días de febrero, diciendo que el COVID-19, ha sido un golpe fuerte para el sistema global de transacción de capitales. No es una novedad ni es algo que ignoramos. Lo importante aquí es repensarnos como individuos en ese sistema. En esa matriz de relaciones sociales, políticas, culturales y económicas. Todas estas se están viendo afectadas, algunas en mayores medidas, pero que al fin de cuentas, tanto a nivel local como internacional, nos sitúa en una oportunidad para reinventarnos, tal como lo diría Zizeck.

¿Cómo nuestras precarias y golpeadas democracias enfrentan el problema en todas sus aristas?, ¿cómo prevenimos también no sentirnos atolondrados por la incertidumbre de las noticias falsas y reales?

Hace algún tiempo, mientras hablaba con un grupo de amigos y amigas, alguien dijo algo así como: “Pronto será el fin del tercer mundo”.

Repienso en la frase en nuestro contexto, y me parece que el final del tercer mundo no sería sino el principio del final del primer mundo. En sí mismo lo es. En el “tercer mundo” acaba el sueño del “primer mundo”, pero entre las brechas del primero, el segundo, o el tercero, no hay en verdad nada más que humanidad que se enferma, que trabaja, que baila e intenta día con día ser feliz. En todos los mundos hay odio, y es el virus más grande cuya cura aún no queremos encontrar.

Sobrevivir ahora al virus es resistir también al sistema económico y social. La idea de replantear nuestras vidas, nuestras ciudades, la distribución del poder y los recursos es justo lo que feminismos, indigenismos, veganismos, pacifismos y otros movimientos de participación ciudadana han querido dejar por entendido.

Cada generación tiene su momento de prueba, solía decir mi abuelo, que sobrevivió a la guerra pero no a la posguerra. Lo mató el cáncer y el vertiginoso ritmo de los nuevos tiempos.

En una postal italiana ilustrada, firmada con el lema “Tanti Auguri”, que traducido quiere decir “Buenos deseos”, aparecen personas desde sus balcones con guitarras y cacerolas. Esta imagen hace alusión al 15 de marzo, día en el que, en algunas ciudades de Italia, muchos habitantes salieron a sus ventanas a cantar el himno y aplaudir a los médicos. La postal no tiene firma de autor, pero circula en Facebook con una leyenda relatada por el doctor Ira Byock, en donde dice que la antropóloga Margaret Mead dijo a uno de sus estudiantes que la civilización no comienza en el invento de las máquinas, sino en el ayudar a otro cuando éste lo necesita. Mead escribió mucho sobre el sentido de comunidad y pertenencia, como la piedra angular de toda sociedad. Una civilización no es sino donde hay nudos de ayuda y cooperación solidaria en su interior.

La crisis del COVID-19 nos empuja a revisar esos nudos. A desatarlos y volverlos a atar. A reconstruir escombros de ruinas, a no romantizar el #QuédateEnCasa, como decimos algunos; a pensar en medidas para regenerar tejidos sociales, implementar modelos culturales que nos enseñen sobre dignidad y cooperación, porque también, y esto me lo planteó un comunicado de la editorial colombiana Laguna: “¿Cuál es el papel de la cultura en todo esto?”, ¿basta con liberar libros, series y películas para sobrevivir a la encerrona?

Otra vez, la mirada se va a las bases. A la relación que hay entre nosotros, nuestro entorno social y natural, nuestros procesos de intercambio de mercancías…

Es muy curioso que la crisis COVID-19 sucede después de que la productora audiovisual Black Coyote lanzara una adaptación teatral de “La guerra de los mundos”, en donde la gente se vuelve loca por la narración radiofónica de una invasión alienígena ficticia. La primera fake news de la historia, dirían algunos.

Internacionalmente se actúa como la sociedad de esos tiempos actuó frente a los invasores. Pero hoy el invasor es real, invisible, y escala muchas esferas de nuestro mundo humano. Es así como nos queda una lección enorme: nuestras comunidades están debilitadas por la historia, por las reformas económicas. Es hora de pensar en el después de la crisis, e intentar levantarnos bajo un sol distinto. Reanudar las luchas contra el virus de la indiferencia y la desigualdad, que sigue enfermando a nuestros países, desde que el mundo se dividió en no dos, sino varias partes.

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