Lamento desde El Salvador para Latinoamérica… y el mundo

Un acercamiento desde Jeremías 17,1-8

  • Opinión por: Josh Saintway

La injusticia es el código legal de quienes dirigen nuestro país, pareciera que sus preceptos son inamovibles, tan crueles y endurecidos, llenos de insensibilidad e inhumanas leyes y políticas públicas, que nos ven a las personas como cifras despersonalizadas y manipulables desde el poder envilecido, grabados actualmente en chips y hashtags llenos de orgullo, soberbia y arrogancia.

La corrupción e idolatría llegó a tal grado que las generaciones emergentes sucumben ante las falacias del dios Hefesto que les seduce y mantiene aislados y ajenos a la realidad, utilizando los hechizos de la estupidización, de la manipulación tecnológica y mediática, en casi una total enajenación adictiva, donde no hay nada más importante que el placer de una red y dispositivos táctiles hedonistas.

Todo indica que los ídolos al servicio del maldito sistema monstro han cumplido su cometido y su visión cual virus inoculado, indudablemente se ha esparcido por los veintiún y medio kilómetros cuadrados de nuestro país, incluso en la región, continente y mundo, de tal forma que no hay sistema de salud que pueda atender o tener la cura de tal peste que nos ha llevado a expresar nuestros peores miedos e intentar refugiarnos en una burbuja virtual.

El sentido de comunidad, solidaridad, bondad y sobre todo de justicia son vituperados y ridiculizados, ¡carencias que surgen como un abortivo mutante que dan origen a una nueva esclavitud!, en donde las emociones, la razón y todo el ser humano suelen ser vistos con una óptica utilitarista, comportamientos que muchas veces se vinculan a los llamados milenials, quienes cuando gobiernan o escalan a un puesto de poder, no tienen la más mínima idea de lo que deben hacer y más aún se saben vender y promover su imagen al mejor postor -como si fueran mesías- aludiendo y refiriéndose a ellos mismos egolátricamente como: cool…

Se renuncia a la herencia vernácula y todo se ve en base a lo que se obtendrá, ¿para obtener más poder?, ¿sucumbir ante mamón?, ¿volver simples servicios a derechos humanos básicos y elementales como: el agua, la salud, la educación y el medio ambiente?, ¿desacreditar a los adversarios ideológico-políticos haciendo uso de un lenguaje populista vulgar que encanta a las masas?, ¿pretender que son mejores y que no son corruptos como los mismos de siempre?

¡La voz del Dios del universo se hace sentir en una nación donde reina la injusticia y la acumulación del capital en pocas manos ha llegado a niveles alarmantes!, por todo eso, así dice El Señor de la Vida y la Justicia: ¡maldito el ser humano que en este contexto confía a ciegas en otro ser humano que promueva y viva de estos vicios denigrantes!, ¡que con sus hechos ha llegado al punto de practicar un ateísmo practico nombrando a Dios en todo sin realmente conocerle!, ¡que su pobre existencia está determinada por las circunstancias!, de tal forma que sus actos llegan a tal grado de injusticia y prevaricación que en su momento arderán cual monte seco en medio de la sequedad de un predio baldío.

Bendita sea toda persona de buena voluntad que confía en Dios y busca en Él-Ella su apoyo infinito!, que sabe leer con sabiduría y solicitud  la realidad y no se deja engañar por las brujerías de los sacerdotes y bufones de la corte que aplauden cual focas en medio del dolor de un pueblo que sufre. Los tales por su ética, fidelidad y coherencia podrán compararse al Maquilishuat plantado cerca del río Lempa, que se mantiene verde y fuerte en la estación lluviosa y la estación seca, que logra ver que desde su vida, familia, comunidad, comunidad de fe, país, región, continente y mundo puede contribuirse para sembrar. Que germine, crezca, florezca y dé fruto ese Bendito Sistema Ideal del Reinado de Dios, que lo vivió y  promovió Oscar Arnulfo Romero Galdámez, ¡esta es la manera más genuina de exaltación de Dios!