“Esta cuarentena es similar a mi discapacidad”

Gaby pidió trabajar desde casa, se le negó justificando que era imposible trabajar así. Ahora sí es posible y hasta respaldado por una ley.

Por Gabriela Mendoza

Últimamente, con este tema de la cuarentena, en mi mente no deja de revolotear el poema de Roque Dalton, “El turno del ofendido”:

Me habéis golpeado azotando la cruel mano en el rostro (desnudo y casto como una flor donde amanece la primavera). Me habéis encarcelado aún más con vuestros ojos iracundos muriéndose de frío mi corazón bajo el torrente del odio. Habéis despreciado mi amor os reísteis de su pequeño regalo ruboroso sin querer entender los laberintos de mi ternura. Ahora es la hora de mi turno el turno del ofendido por años silencioso a pesar de los gritos. Callad, callad, oíd.

Esta es mi experiencia vital, no significa que esta mi verdad sea absoluta, pero cuánto aprendizaje dejará esta situación para millones de seres humanos, por supuesto dependiendo de su nivel conciencial, aprenderemos más, aprenderemos menos, lo mejor, lo peor, pero un cambio sí habrá.

Sé que hay mucho sufrimiento en el mundo con este virus, pero este texto es una perspectiva desde mi experiencia, a raíz de lo que está pasando.

La cuarentena, este periodo de alejamiento del frenesí diario de la sociedad, yo lo estoy viviendo desde hace meses por una incapacidad laboral. Era mi primera vez que hacía una pausa tan larga en mi vida, apoyada por un neurólogo experto en mi condición física, me incapacitó 90 días, los que luego se duplicaron, y entre eso vino esto del Covid-19  y el mundo entero en cuarentena. ¡Sorpresa! Todos a vivir lo mismo que yo he vivido desde pequeña: inercia. A muchos que se molestaron con mi salida temporal laboral les está tocando vivir lo mismo que yo vivo desde… siempre. Y mi petición de trabajar desde la casa, por lo que obtuve muchas negativas justificando que era imposible trabajar así, ahora sí es posible y hasta respaldado por una ley. ¿Ironías?

Mi discapacidad se llama distrofia muscular de limb girdle, más allá de mi debilidad física que ahora es llamada movilidad reducida, consiste en: limitación, frustración, lentitud, inadaptación, dependencia, debilidad, necesidad de pedir ayuda física, reclamos (esto desde mi experiencia con la sociedad, no con mi familia y pareja que, por otro lado, han sido la balanza para mi equilibrio emocional: por un lado tanta discriminación en la sociedad, por el otro lado mi familia y mi pareja dándome tanto apoyo, tanto amor).

Quienes ya sabemos que la felicidad está adentro de nosotros y hemos tratado de continuar en ese camino, al menos tenemos la consciencia de aceptar la realidad sea como sea, porque ¿cambiarla? Me ha tomado años entender que no se puede. Así que en vez de lamentar lo que ocurre hay que simplemente aceptarlo. Solo así, con una sonrisa. Así como yo he aceptado que mi alma esté dentro de un cuerpo limitado en movimientos, se acepta con una sonrisa y ya.

Vivimos ahora esto que muchos místicos llaman la noche oscura del alma. Perdidos hemos estado afuera, pero ahora podemos encontrarnos dentro. Literalmente dentro.

Si yo he sido el catalizador de muchas personas en esta vida, en todos los espacios que he recorrido, el colegio, la universidad, el trabajo, diferentes espacios en los que he participado con mis mejores intenciones, lo he aceptado como tal. Pues la gente muchas veces ha descargado su impotencia en mí, sin importarles quién soy o lo que puedo dar. Valga mencionar en esto a una persona encargada de recursos humanos que de manera burlona me preguntó si yo siempre necesitaba andar con mi mamá hasta para trabajar… hubo silencio en mí, mi incredulidad ante lo que para ella era una ofensa. Aprendí que no tengo que explicar lo que alguien no quiere entender. Soy un buen catalizador de la podredumbre del ser humano.

Espero que con esta  cuarentena todos estemos entrando en la conciencia de que la vida es un proceso de aprendizaje, un camino pedagógico.

Para todos aquellos que también alguna vez me dijeron o me dieron a entender que me haría bien alejarme de mis papás, aunque sea por unos días, mis papás no son como los de todos, mi experiencia con mis papás es maravillosa y de mucha libertad. Si para todos los demás su experiencia de dejar a sus padres para hacer su vida ha sido llena de madurez, crecimiento y garantía de felicidad, pues mi caso es otro. Y ahora con esta cuarentena cuántos no querrán ir a ver a sus papás, aunque sea un momento. Pero no tienen por qué creerme… Yo solo comparto lo que he vivido.

Que si camino, que si uso la silla de ruedas, que por qué, que si camino para qué uso la silla de ruedas, que por qué uso la silla de ruedas si todavía puedo caminar. Que si mucha discapacidad, que si poca discapacidad. Juicios, no míos, de todos allá afuera, ese afuera donde ahora no podemos ir.

Gaby cuando necesita estar de pie.

Que será difícil encontrar el amor porque quién podría dar su corazón a la poca garantía de una relación estable con una persona con discapacidad. Bueno, sí apareció y está ahí, titilando para mí. Gracias, Sr. Ilustrador ilustrando.

¿Otra semejanza del encierro que viven todos y mi discapacidad? Sí, claro, mi confinamiento también ha sido desde que manejo un automóvil (por necesidad y con mucho esfuerzo), ahora mismo no podemos salir a lugares, pero cuando sí podíamos, la mayoría de veces mi meta, además de comprar lo que necesito, siempre era encontrar un parqueo adecuado para persona con discapacidad, y por lo general recorría el parqueo una, dos, tres veces. No había parqueo porque a cualquier persona se le ocurre parquearse ahí solo porque sí, entonces, lejos de permitir que la incredulidad me domine, mejor me retiro. Ahora tal vez muchos puedan entender lo que a personas como yo nos toca vivir: no podemos salir porque sabemos al mundo al que nos enfrentaremos allá afuera, muchas veces yo no he podido salirme del carro porque alguien más ocupa el lugar con tal irrespeto que hasta ponen su carro tan cerca del mío que no alcanza para abrir la puerta a totalidad y que me ayuden a bajarme, así que prefiero regresar a casa y esperar a que haya otro día otra oportunidad en la que nadie ocupe ese lugar. Y así, es el confinamiento regalado por las mismas actitudes humanas.

Espero que muchos estén atentos a oír desde el silencio del aislamiento y que por primera vez puedan sentir una especie de empatía entre quienes vivimos con una discapacidad y quienes están viviendo en este encierro. Equivale a lo mismo: el encierro que todos viven ahora es en sus casas o centros de detención, yo siempre lo he vivido en mi cuerpo.

Callad

Callad

Oíd

Solo se me ocurre terminar esto retomando las palabras de Dalton:

“Callad

Callad

Oíd”.

3 thoughts on ““Esta cuarentena es similar a mi discapacidad”

  • abril 8, 2020 at 10:40 am
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    Querida Gaby, sin duda debemos aprovechar este tiempo para liberarnos de ese encierro interno y reconocer lo vulnerables que todos por igual podemos ser ya sea con una discapacidad física o una emisional que generalmente es más peligrosa!
    Ánimos Gaby , el amor de Dios nos acoge para libertad.

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    • abril 8, 2020 at 9:55 pm
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      Gracias por leer la nota y sentir esa empatía, que ahora aplica para todos en esta vulnerabilidad.
      Que ese amor de Dios nos abra las puertas hacia la libertad de un mundo más justo.
      De Gaby.

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