¿Por qué nos cuesta tanto?

Por Katia Maldonado

Hace unos días, una buena amiga, hizo una reflexión acerca de cómo es necesario que los seres humanos, en especial las mujeres, llenemos nuestras mentes de pensamientos que nos hagan felices, como un catalizador para aplacar los problemas o procesos que nos estén afectando.

Pero, si sabemos que pensar positivo es una forma de sentirnos mejor, física, emocional y espiritualmente, ¿por qué nos cuesta tanto?

Porque, aunque a veces nos levantamos poniendo el pie derecho, la dinámica de la vida, el corre corre, las responsabilidades, en fin el contexto en que nos movemos, nos estresan y empezamos a enconcharnos y pensar en lo conflictuados que nos sentimos. Sin embargo, si te das cuenta, a medida inicias tus roles diarios, interrelacionas con otras personas y empiezas a realizar las tareas que te propones, todo va cambiando y empiezas a sentirte mejor.

En general podemos decir que hay dos formas de aplicarnos las dosis diarias de “píldoras de positivismo”.  Una, es la que nosotros mismos producimos por convicción y las ingerimos ya sea diariamente, o cuantas veces la necesitemos, porque nos están alimentando y nutriendo. Otra forma es la “píldora de positivismo” que se genera en el mudo externo, donde nos movemos, que, aunque puede ser menos potente y permanente, se vuelve eficaz si estamos pendientes de no dejarla ir.

Debemos saber que podemos estar positivos, aun teniendo otras emociones que no son necesariamente de plenitud y felicidad, sino de tristeza, enojo, entre otras, porque si mantenemos esa dosis de positividad, eso nos ayuda a superar cualquier situación o adversidad.

Muchas veces, según el contexto que nos rodea, las circunstancias y problemas que atravesamos, nos mantiene preocupados, sin embargo, podemos decidir la forma de cómo abordar la vida, tenemos dos opciones: ser negativos o positivos.

Prefieres vivir amargado y frustrado o animado y feliz.  Si te vas por la segunda opción, entonces, descubre lo positivo en todo lo que te rodea. En cualquier situación o persona que te encuentres por la vida hay algo positivo, quizá a veces nos cuesta empatizar, pero si nos proponemos, encontraremos cosas comunes y se puede potenciar una buena relación.

En fin, para que la píldora del positivismo nos nutra debemos:

  1. Volver a ser como niños. Seamos genuinos, sonriamos con más facilidad, y veamos en cada detalle, por simple que sea, lo mejor. Aprecia la vida, la familia, los amigos, muchas veces lo hemos oído, pero hoy seamos conscientes de dar aprecio y tiempo.
  2. Sé agradecido con la vida. Agradece cada día lo que la vida te da, los dones que tienes y las personas maravillosas que tienes a tu alrededor.
  3. Contagia con tu positivismo a las personas negativas. A veces, son negativas, porque los demás repelen su presencia, se sienten juzgados y llenos de complejos. Demuestras empatía, enséñales como tú llegaste a ver en el positivismo la forma fácil de resolver conflictos.
  4. Observa y analiza los problemas no los multipliques, ni los adoptes. Ve los problemas como metas a superar y oportunidades para aprender.

¡Las píldoras de positivismo son naturales, jamás te intoxicarán el cuerpo, al contrario te fortalecen el corazón y te hidratan el alma! .

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