La controversia sobre “Tierra Americana”

El mundo de “Tierra Americana” arranca con una atroz masacre estilo narco en una fiesta de quinceañera celebrada en Acapulco, por una despistada familia de clase media mexicana conformada por Lydia, su marido Sebastián (un periodista local), sus familiares consanguíneos y políticos, amigos cercanos de la familia, y su hijo de ocho años, Luca.

  • Por Ario E. Salazar

La compleja y exagerada industria editorial de los Estados Unidos publica un promedio de más de trescientos mil libros al año (304,912 libros, según nuestros últimos datos.) La escala es potentísima. En sus mejores años y con un heroísmo editorial sin duda homérico El Salvador publica un promedio de 250 libros anualmente. El que una novela estadounidense llame tanto la
atención y desate lívidas pasiones es digno de ser comentado, dada la rara condición que la acerca al milagro de relumbrar entre esa descomunal miríada de títulos publicados que (por muy ‘best-sellers’ que sean) muy pocas veces sobrepasan los límites del improvisado análisis de la sobremesa o el de algún apresurado círculo de lectores en un país con una población de más de 327 millones de habitantes y con un 86% de su población alfabetizada. Dentro de esos parámetros, el estadounidense promedio es capaz de leer al año un promedio de 15 libros, invirtiendo en ello un promedio de $375.00 al año. ¿Por qué, entonces, este año vale la pena invertir en Tierra Americana?

Comenzaremos diciendo que no estamos aquí ante un ‘Ulyses’ de James Joyce, o ante un ‘Lolita’ de Nabokov, libros cuyos temas, formas o contenidos fueron objeto de censura en su época. Para enunciarlo de un modo inteligible y decoroso, la controversia asociada con Tierra Americana se cierne más sobre ‘las credenciales culturales y raciales’ de su autora para escribir sobre el tema de la emigración forzada que afecta a nuestros países como resultado de estados republicanamente fallidos, altos índices de violencia, corrupción, y una desigualdad apelmazante y aterradora entre los que tienen, los que algo tienen, y los que no tienen nada más que sus famélicos pies descalzos y una humanidad sostenida a fuer de esperanzas. Hasta donde he podido verificar, muy pocas reseñas se enfocan en los aspectos técnicos, en el plano de la novela, en su lenguaje, en su arriesgada ejecución.

La controversia se ha vuelto tan incendiaria con respecto a la alegada usurpación cultural de la que se acusa Jeanine Cummins, la autora de Tierra Americana, que se tuvo que cancelar el programa de lecturas y presentaciones en varias regiones del país, por temor a ataques a su integridad física. La hostil subida de tonos en el ánimo de la crítica literaria se gestó entre ciertos sectores radicales de la comunidad chicana e hispana del país que se dan por insultados y ofendidos por la publicación de la novela, a la que catalogan con furor desmedido como una farsa, una sorna y una infamia. Dichos círculos se han mostrado intransigentes, y han cerrado cualquier conato de discusión estética sobre la ejecución de la novela, sin importar de donde provenga su autoría.

En esta nota dejaremos a un lado y en el recipiente chico esa insensata línea de crítica literaria. Mejor es enfilar con nuestra materia gris hacia lo esencial del libro, hacia ciertos aspectos técnicos que juegan con la solidez de la trama, y algo trataremos de decir sobre la calidad de la traducción de la última obra de esta audaz autora newyorquina de origen español, Jeanine Cummins, quien después de dedicarse al trabajo editorial por diez años también ha escrito y publicado ‘A Rip in Heaven,’ ‘The Outside Boy,’ y ‘The Crooked Branch.’

El mundo de Tierra Americana arranca con una atroz masacre estilo narco en una fiesta de quinceañera, fiesta celebrada perentoriamente en Acapulco, estado de Guerrero, por una despistada familia de clase media mexicana conformada por Lydia, su marido Sebastián (un periodista local), sus familiares consanguíneos y políticos, amigos cercanos de la familia, y su
hijo de ocho años, Luca. La descripción de la potencia de fuego de los gatilleros que asesinan sin piedad a más de 16 personas en cuestión de minutos es tétrica y sobrecogedora. Muy realista. De puro milagro Lydia y Luca son los únicos sobrevivientes de la ensañada masacre. Los demás
asistentes quedan brutalmente asesinados ‘con el pollo en el asador y espátula en mano’ en el patio de su casa a manos de ‘Los Jardineros,’ los nuevos narcos de la región, quienes dejan en claro que dicha acción es el resultado de una vendetta dirigida a Lydia por parte de ‘La Lechuza,’
el paradójico y sanguinario jefe de ese cartel y sus sicarios, justo después de que Sebastián publicara un reportaje sobre su persona en la prensa local, destapándolo ante la sociedad.

El brusco y descarnado inicio de la novela nos da la sensación de que esas primeras páginas pueden ser de máxima utilidad a un director de cine avezado o a un guionista de Hollywood acostumbrado a la economía de diálogos y cero disquisiciones filosóficas a la hora de establecer, en una secuencia de tres a cinco minutos, la dirección de un film épico de dos horas de duración o más. 460 páginas dilatadas en 36 capítulos de sostenida electricidad y suspenso, más un epílogo apologético de la autora, conforman la traducción de la obra que tengo en mis manos, recién publicada por Vintage Español, en enero de éste recién iniciado 2020. Los sencillísimos artilugios y secuencias empleados para explicar la raíz de ese brutal inicio empiezan a hilvanarse a partir del capítulo tres.

Teóricamente Sábato y Bolaños se pelean sobre el plano y la ejecución de la novela (B-A-C). ‘No hay temas pequeños’ dice Sábato, ‘lo que hay es autores pequeños,’ y Bolaño responde que ‘después de Héroes y tumbas ya no es posible escribir novelas que se sostengan sólo con la pura trama. Se seguirá haciendo esa novela’ pregona, ‘pero ya no tiene futuro.’ He aquí la muestra de que una novela esencialmente bizantina en la que los personajes se ven obligados a emprender un viaje lleno de pruebas, transformaciones y peligros, sí llega a sus mejores notas a despecho de depender únicamente de su desnuda, rectilínea trama. Un acucioso lector del pensamiento de
Sábato se va a sentir refrendado en Tierra Americana.

Muy brevemente diremos que las complicaciones técnicas de la novela tienen que ver con una incomprensible flojera -al inicio del relato- en pulir mejor el personaje de Javier, el patético y repugnante narco de la novela, arquitecto de las desgracias, gambetas y periplos por los que tienen que pasar Lydia y Luca en su forzado viaje de huida -lo más lejos posible de Acapulco- a bordo de ‘La Bestia,’ ese tren ya casi mítico e infinito que como un bruñido animal atraviesa a todo México en su trajín hacia los Estados Unidos. El tren tiene más peso y presencia en las páginas de la novela que el personaje de Javier, que definitivamente daba para mucho más, y ahí estoy de acuerdo con parte de la hostil crítica que la autora ha recibido por ese dejo, por esa haraganería. Ese descuido casi se vuelve mortal en el plano de la novela, puesto que se nota la chatura, el plumazo choteado, poco meditado con el que se nos quiere vender la idea de un personaje complejo, pero que al fin no cala. Su aspecto de utilería queda resonando aún terminada la novela. No convence.

Pasado ese primer obstáculo, que llamaremos prescindible, la autora brilla en su manejo de la odisea redentora por la que sus personajes tienen que pasar, y como sucede en el plano de toda novela bizantina en el camino, en el peligroso y mortal pedigrí que los personajes sufren van conociendo nuevas personas, perspectivas, panoramas, las vilezas, las miserias, el jingoísmo del pueblo mexicano y su migra, y por supuesto, también vemos lo sublime e inspirador del ser humano a través de un fárrago de personajes que entran y salen de ‘La Bestia’ y de las comunidades y los pueblos por donde avanza con ese férreo desapego de animal fortuito. Es casi como si todo hecho antecedente a montarse al tren es una excusa para poder llegar a la parte que verdaderamente importa, hasta llegar al mundo de ‘La Bestia,’ un mundo lleno de terror, miedo, crimen, sospechas, astucia, heroísmo, lealtad, amistad, humanismo, ternura, sueños, pesadillas; sueño y vigilia -pasado, presente, y futuro afiligranados en un solo viaje direccionado a la tierra de nadie, a ese otro planeta idealizado donde todos los polizones sueñan apearse en cualquier valle, en cualquier páramo para olvidarse al tiro de quienes han sido, y así poder ser casi cualquier cosa en la anonimidad norteamericana y su genérico individualismo.

No se pierda la siguiente entrega de esta crítica literaria, por Ario Salazar.

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