Río de Janeiro, al borde del colapso por el agua de grifo contaminada.

Las diarreas han aumentado en la ciudad, aunque la empresa que gestiona el agua asegura que el problema no es tóxico. Los ecologistas han denunciado a los responsables ante la Fiscalía.

Tomado de El Mundo

https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2020/01/16/5e2043a9fdddff19828b461b.html

Desde hace días, cada vez es más difícil encontrar agua embotellada en las estanterías de los supermercados en Río de Janeiro, donde el agua mineral se ha convertido en un objeto de lujo. Es lo que ha ocurrido en la ciudad brasileña después de que, misteriosamente, el agua del grifo de algunos barrios empezara a tener sabor a tierra, un olor extraño y una coloración turbia. PUBLICIDAD

Tras varios días de silencio, la Cedae, la empresa pública que administra el agua en el estado de Río, atribuyó el problema a la geosmina, una sustancia producida por algas, que no presentaría riesgos para la salud. Aun así, diversos expertos recomendaron evitar el consumo, resaltando que la geosmina puede indicar presencia de otros componentes tóxicos. Algunos análisis apuntaron a una presencia mayor de lo normal de bacterias heterotróficas, que pueden servir de alimento a las bacterias que causan enfermedades.

Los casos de diarreas, vómitos y gastroenteritis aumentaron exponencialmente en algunos puntos de la ciudad, pero, de momento, no es posible relacionarlos al abastecimiento de agua. De momento, ya se han visto afectados 69 barrios en la capital y otras seis ciudades del área metropolitana.

El origen del problema está en la estación de tratamiento de Guandu, que se abastece de las aguas del río del mismo nombre y se encarga de suministrar agua al 75% de Río de Janeiro, casi 8,5 millones de personas. Los responsables de la empresa de aguas encontraron una solución: carbón activo para matar las algas. Se empezará a usar la semana que viene, pero nadie se atreve a dar una fecha para normalizar totalmente el estado del agua.

Para el ecologista Sérgio Ricardo, fundador de la ONG Bahía Viva, esa opción es un parche, porque la actual crisis hídrica no es más que el reflejo de un problema mucho más grave: “En el punto de captación de Guandu desembocan tres afluentes extremadamente contaminados. Desde el año 2001, la estación tuvo que parar de funcionar en 22 ocasiones por la mala calidad del agua. Es agua intratable, a veces ni siquiera con productos químicos se puede convertir en apta para el consumo. Cuando hay problemas de distribución, quien más lo siente son los barrios pobres y las periferias, pero ahora lo está notando toda la ciudad. Es un problema estructural de Río de Janeiro, no una cuestión puntual”, critica.

La citada organización presentó un recurso ante la Fiscalía para denunciar a las autoridades responsables y para que se adopte un plan de emergencia. Además, lamentan que en los últimos 15 años las políticas de depuración y tratamiento de aguas en el estado de Río dejaron de invertir 11.000 millones de reales (más de 2.300 millones de euros), lo que contribuyó a agravar la actual situación.

En el caso concreto del Guandu había un plan para desviar los afluentes contaminados que nunca se puso en práctica. Las amenazas al sistema hídrico de Río son numerosas: el río Paraíba do Sul, principal fuente de agua limpia para la ciudad, está rodeado de represas mineras en condiciones muy precarias, y uno de los principales acuíferos que abastece a la ciudad, el de Pinanema, con 200 kilómetros cuadrados, está amenazado por las infiltraciones de un vertedero controlado al que llegan 9.000 toneladas de basura cada día.

Riachuelos putrefactos

La dejadez de las autoridades respecto a la calidad del agua que rodea a la ‘Ciudad Maravillosa’ ya protagonizó las portadas de medio mundo hace cuatro años, poco antes de los Juegos Olímpicos. La bahía de Guanabara, donde se disputaron las pruebas de vela, que asustaba a los atletas por su contaminación, es la misma en la que desembocan decenas de ríos y riachuelos putrefactos. Muchos de ellos abastecen indirectamente el agua que sale del grifo de los cariocas.

Al margen del problema ecológico de fondo, que suma décadas de promesas incumplidas, también podría haber errores humanos y de gestión más específicos. El presidente de la Cedae, Hélio Cabral Moreira, llegó a estar imputado por el desastre de la mina de Mariana, de 2015, la peor tragedia ambiental de la historia reciente de Brasil, que dejó 19 muertes y una enorme ola de lodo tóxico. En esa época era consejero de la minera Samarco, y fue acusado de no haber hecho nada a pesar de saber que había riesgo de accidente. Finalmente, la Justicia no halló pruebas suficientes para culparle. En marzo del año pasado fue criticado por trabajadores de la Cedae por haber destituido a 54 técnicos encargados del control de la calidad del agua en medio a una disputa política por el control de la empresa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *