Sobre el poema “Monstruo” del libro “Hijos de la ira”

La trágica realidad que plasma Dámaso Alonso es innegable en cualquier país, en cualquier continente del mundo que compartimos.

Por Ario E. Salazar

En el poema “Monstruo” de su emblemático libro “Hijos de la ira” Dámaso Alonso escribió:

“Bajo la penumbra de las estrellas

y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,

me acechan ojos enemigos,

formas grotescas me vigilan,

colores hirientes lazos me están tendiendo:

¡son monstruos,

estoy cercado de monstruos!”

Por ser eterna la temática del poemario, es actual, y con los ojos del vidente que igual mira al derecho o al revés del tiempo, ese potentísimo poemario resulta, indiscutiblemente – y para nuestra desgracia, relevante aún ante la realidad grotesca que vivimos y que convulsiona al mundo en nuestros días.

La trágica realidad que plasma Dámaso Alonso es innegable en cualquier país, en cualquier continente del mundo que compartimos. Es más: ilustra la naturaleza del esperpento causante de que hayamos perdido la paz, la ingenuidad, la inocencia. A despecho de ello, yo me embroco sobre este vitalísimo inicio de año con un homenaje, una adaptación, digamos, a las formas poéticas koreanas del siglo XVIII conocidas como sijo. Igual que la poesía lírica nuestra, ésta también empezó como canto, como canción, y sus primeras formas datan del siglo XIV. Hoy en día esta forma poética se cultiva con la misma frescura de la que gozó en sus inicios. He aquí mis tres poemas (tentativas, adaptaciones) que conforman un solo poema, Año Nuevo:

Contra la cara del espanto

                y el azul que boga

sacude sus alas la esperanza.

                               Hemos tirado otro dígito al vacío.

                               En ello hay una cifra

                               de maldiciones y agradecimientos.

Por más que nos hunda Dios

en su inmisericorde basurero

en su lirio nos fijamos, no en su fango.

Y como soy daltoniano de corazón, quisiera rematar estas reflexiones haciendo empalme con el último día del año de la época más remota de la que tenemos noción: la muerte de los dinosaurios, en mi poema, Final de época:

La fealdad del meteorito

es un hecho verificable:

Os lo dice en su agonía

este virgen, insigne y noble dinosaurio.

Ario E. Salazar

Enero 9, 2020

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