Libertad, ¿para qué?

“La libertad no es posible canjearla por dinero o cosas materiales, la libertad se gana, se trabaja, se saborea a cada paso que damos por la vida”.

Por Katia Maldonado

¿Pero cuándo vamos perdiendo la libertad?

En una ocasión una mujer me comentó que su esposo le había confesado que no estaba enamorado de ella cuando se casaron y, que, con el tiempo, fue aprendiendo a amarla y a respetarla, pero desde ese momento ella ya no fue libre para amar a su esposo, puso barreras que le limitaban las demostraciones de afecto y los detalles de amor y pasión se fueron perdiendo. La libertad de expresión del hombre se convirtió en prisión para la mujer.

Las ataduras que nos alejan de la libertad son impuestas, en la mayoría de veces, por nosotros mismos, ya sea por eslabones que aún nos unen al pasado, por nuestras fallas y debilidades presentes o los miedos de enfrentarnos al futuro.  La falta de libertad nos mantiene cautivos en una cueva oscura, donde no vemos la luz de salida y generalmente afectan nuestra mente, voluntad y emociones volviéndonos personas vacías, depresivas, mentirosas, auto destructivas.

Nuestras verdaderas “prisiones” no son ni las demás personas, ni el tiempo, ni las ausencias, ni las relaciones, sino nuestros miedos y los obstáculos internos que nos imponemos.

Si queremos con toda nuestra fuerza, caminar por este mundo, los años que Dios nos permita vivir, hagámoslo siendo libres y para ello por lo menos hay que trabajar en las siguientes cuatro cosas:

-Domina tu ego. El orgullo mal sano, desemboca en falta de perdón, debemos renunciar al resentimiento y estar convencidos que al decidirnos perdonar lograremos nuestra libertad emocional.

-Habla palabras que sanen no que lastimen. Una encuesta indica que se necesitan, por lo menos, cinco afirmaciones positivas para contrarrestar los efectos de un solo comentario negativo. Así que trata de pensar bien antes de expresar tus emociones y pensamientos, busca las cualidades de las personas y destácalas, a medida das alegría, aceptación y confianza, tú te vuelves más libre.

-Rompe patrones de conducta. Deja de juzgar y criticar si eso no construye. Muchas veces las costumbres familiares y patrones culturales se han arraigado en nosotros, y juzgamos a todas las personas bajo una lupa muy particular, recuerda cada cabeza es un mundo, cada persona tiene caracteres diferentes, formas de ver la vida, respétalas y sólo así ganarás tu propio respeto.

-Crece internamente a través de la oración, la meditación, y estrechas relaciones de confianza, eso te ayudará a conocer más a fondo a las personas que amas y a quienes te rodean. Solo de esta forma vamos liberándonos de las prisiones mentales y emocionales, así vamos siendo libres para establecer relaciones saludables.

Recuerda: La libertad es lo que nos da fuerza para mostrarnos tal cual somos y solo así podemos llegar a ser mujeres fuertes, que no estamos sometidas a la voluntad de nada ni nadie, sino que vivimos construyendo relaciones donde podemos ser genuinas y dejar que los demás lo sean también. 

Por Katya Maldonado

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