¿Por qué debemos agradecer como colectividad por este trozo de tiempo que se cierra?

Por Ramiro Guevara

Como siempre, aunque parezca cliché, el tiempo nos deja con sus alas tejidas de hechos que se convierten en historias. Nos sentamos a la espera de un año más en el calendario, porque desde que existe la noción del tiempo, los ciclos han estado ahí, avisándonos sobre los principios y los finales de todo proceso. 

La enorme pregunta es, ¿por qué debemos agradecer como colectividad por este trozo de tiempo que se cierra? Pues bien, la primera es por la simple oportunidad que se nos arroja. La siguiente es que, después de tener la cancha, sólo faltan los jugadores.

La oportunidad es para seguir empujando hacia las buenas causas. A que los testimonios perduren para que sean, de cara a los problemas sociales, el punto de partida para la emancipación que las juventudes, y las grandes minorías que como sociedad no logramos aún superar. 

Digo esto porque este año (2019) fue un caldo de confusión y testimonios (lo que para mí, vendría a ser la esperanza); desde las llamas que consumieron el Amazonas, pasando por los levantamientos de Hong Kong, América Latina y la invisible Haití, hasta llegar a las masacres en escuelas estadounidenses (porque sí, es más fácil comprar armas que educación), las masacres en Medio Oriente (porque sí, la máquina de la guerra sigue dando millones tanto de muertos como de dólares, euros o yenes), y otro número de circunstancias internacionales que también nos golpea, porque al final, somos la misma humanidad que se creó mucho después de la gran explosión cósmica. 

En el caso local, la situación también tiene sus retos: migración, crímenes de odio (¿Cuáles son los crímenes que no son por odio?), represión disfrazada de medidas de seguridad, pobreza… 

¿Qué hacer entonces? Antes que nada, interesarse, empatizar, y luego sí, luchar por la justicia restaurativa que en algún momento, Monseñor Romero quiso. 

Que el nuevo ciclo esté lleno de más propuestas que protejan nuestros recursos naturales, por menos explotación (humana y animal), más presupuesto para educación, ciencia y cultura desde la gobernanza, más hombres integrados a la abolición del patriarcado. Quisiera decir “un año sin o con…”, pero sabemos que para llegar a eso, aún hace falta culminar muchos otros procesos que como sociedad, nos hemos dilatado, pero que, por alguna extraña razón, sigue sucediéndose con esperanza y gente que no pierda los ánimos. Gente rechazada, humillada, deslegitimada porque la historia nunca tratará de los vencidos. Por eso, hay mucho que aprender de las minorías que, campantemente, están llevando el mensaje del Nuevo orden mundial

Porque seamos honestos, urge un nuevo orden. El que nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros estamos viviendo, no está funcionado bien del todo (¿y por qué no pensar en uno que sí?), aunque a veces parezca que lo tiene todo, aunque veamos, sí que lo tiene: guerras mundiales, guerras civiles, terrorismo, crisis económica, y mucha, mucha resaca del siglo XX. Y no significa que la culpa sea de nuestros padres o nuestros abuelos. El culpable es más grande. No es individuo. Es colectivo, porque está en el miedo, en la desigualdad, en el egoísmo y la indiferencia. 

Para finalizar, quedémonos con el mensaje que Lennon y Yoko Ono lanzaron en la campaña de la navidad de 1971, tan actual como en aquel entonces: “War is over (if you want it)” / “La guerra terminó (Si vos querés)”. 

Si como sociedad, de verdad queremos algo distinto, pues bien, que se note que así lo hemos de querer. 

Ramiro Guevara. Estudiante de la licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Escritor. Actor y artista visual. Instagram @ramig69

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