“Han comenzado los jóvenes, han sido los jóvenes quienes se han levantado en Chile”

“La generación que reclama hoy es nueva, generación que no le teme al estado de sitio, que se revela contra el toque de queda como un acto de desobediencia civil, que se salta el metro para no pagar como acto de desobediencia frente a la autoridad insensible que ha tomado decisiones que le perjudican”.

Redacción por: Dalila Arriaza / Fotografía principal por: @josemiguelaraya / Video por: Alejandra Melara

In Tempo: Acumular descontento, no tener confianza de ser escuchado, resentimiento, desigualdad…  ¿quiénes se han visto mayormente afectados?

Migue Peñailillo: Han sido los jóvenes quienes se han levantado, luego los trabajadores, y luego las familias. Esa incapacidad que mencioné para manifestarse y para recibir las demandas como algo legítimo no ha afectado a la población que se ha manifestado, que ha sido fundamentalmente joven. Donde ha impactado esta incapacidad es en los tomadores de decisión, en quienes tienen cargos de autoridad, tanto en el sector público como en sector el privado. Esas personas vienen de esa generación anterior.

La generación que reclama hoy es generación nueva, que no le teme al estado de sitio, que se revela contra el toque de queda, como un acto de desobediencia civil, que se salta el metro para no pagar como acto de desobediencia frente a la autoridad insensible que ha tomado decisiones que le perjudican.

IN TEMPO: ¿Alguien lo predijo o fue algo repentino que sorprendió al mundo entero?

Miguel Peñailillo: Primero, esto no es algo repentino que no se haya predicho. Ha habido una serie de estudios, análisis, encuestas nacionales, especialistas chilenos que han llamado la atención sobre la desigualdad, las condiciones de empleo precario, empleo inestable, malas condiciones de salud, mala educación para el trabajo. Han llamado la atención sobre esto y ha habido demandas políticas y demandas sociales a lo largo de los años, sólo que estas iban constantemente siendo arregladas. En Chile nuestra historia de progreso social de los últimos 120 años se ha basado en una dinámica de demanda social, movilización, reprensión estatal y reforma. Salvo excepciones, la mayor parte de demandas sociales han surgido de la propia sociedad, no de algún caudillo que desea arreglar los problemas de la sociedad. Y esto pasó también en los 90s pero en menor medida, producto de venir saliendo de un gobierno militar e iniciando una transición en donde todos tenían que hacer un sacrificio. Una transición que se alargó demasiado.

En la década del 2000 esto ya reventó con la revolución de los estudiantes, lo que se llama la “revolución pingüina”. Fueron los estudiantes los que dijeron “NO”, no queremos está educación, queremos otra educación. Y esto ha producido una serie de reformas, debido a una presión que duró años. pero ha habido una serie de reformas que estuvieron paralizadas y finalmente  su demanda ha estallado.

Fotografía por Miquela Leporati

El contexto inmediato para entender esta explosión ciudadana es el siguiente, antes de que estallara todo en octubre,  Chile estaba caracterizado por el desprestigio de los partidos políticos debido a la compra de sus voluntades y a la captura del sistema político, mediante el financiamiento ilegal de sus campañas, que habían hecho grandes empresarios chilenos, casos de corrupción que en los últimos cinco años llevaron a grandes empresarios y políticos al banquillo de la Justicia pero que finalmente quedó resuelto designando a un fiscal nacional, sin experiencia penal y que venía del Congreso resultando en que todas las investigaciones se fueron disolviendo y las penas fueron pequeñas. A mi juicio, el sistema político se impuso al sistema de justicia, garantizando la impunidad.

El sector privado también ha mostrado una larga práctica de colusión en sectores. Las investigaciones de la Fiscalía han arrojado casos de fraude a millones de consumidores, en que participaron grandes tiendas de almacén y supermercados, las tres cadenas de farmacias, empresas de transporte, y medios de comunicación. Muchos casos terminaron con penas irrisorias para los empresarios que cometieron esos delitos que duraron en ocasiones más de una década. Hay un gran desencanto con la política, una gran desconfianza.

Pero también ha caído la confianza en instituciones anteriormente respetadas. En el comienzo del 2019 cayó fuertemente el prestigio del ejército de Chile, producto de un caso de gran corrupción en que participaron más de un centenar de militares acusados de malversar durante años millones de dólares del fondo de la Ley Reservada del Cobre, que se destina a defensa. También cayó la popularidad y la legitimidad de Carabineros de Chile (policía preventiva)  por casos de corrupción, especialmente un caso por más de 40 millones de dólares que según la Fiscalía involucró a 136 oficiales incluyendo generales y su director general. La confianza en la iglesia católica también cayó y sólo el 5% de las personas confía en los diputados y en las AFP. Entonces todas aquellas instituciones que le pueden dar seguridad a una persona, son fuente de desconfianza en estos momentos.

Es en ese contexto de fuerte descontento y desconfianza, en donde además el gobierno estaba tramitando un proceso de ley para quitarle impuestos a los más ricos, que aparece el Presidente de la República anunciando nuevamente alzas, subidas de precios primero de la energía eléctrica y después del transporte público. Cuando hubo un rechazo a esas medidas, aparece un ministro, con una total insensibilidad por parte del gobierno, recomendando que se levanten más temprano si quieren precios más bajos.

Entonces un gobierno de millonarios, (porque quince de los veintitrés ministros tienen más de un millón de dólares de acuerdo a sus declaraciones patrimoniales y el presidente de la República tiene la fortuna de más de dos mil quinientos millones de dólares), le pide que se aprieten el cinturón a personas que ganan quinientos cincuenta dólares mensuales para mantener a una familia de cuatro personas. Esa insensibilidad fue seguramente la chispa que encendió está gran explosión de manifestación y protesta. La violencia económica también puede generar la violencia en las calles.

In Tempo– Lo que hemos escuchado sobre actos vandálicos, manifestaciones, quema de edificios, saqueo de almacenes, ¿toda esta información que nos llegó fue verídica? ¿Los datos son exagerados en los medios  o realmente todo esto se dio?

Miguel Peñailillo: Bueno, asumamos una primera cosa, la violencia en las protestas en Chile son una realidad desde hace cincuenta o más años, siempre va a haber algo de violencia y de hecho siempre al final de una manifestación normalmente aparecen los grupitos de siempre. Son como los clientes habituales, que siempre van a ir a pelear contra las fuerzas de orden y seguridad, eso es lo primero a constatar.

Segundo, los Carabineros de Chile no son profesionales en el control de manifestaciones públicas, y de hecho la violencia estalla cuando los carabineros agreden a personas que se están manifestando pacíficamente sin agredir a nadie, y así lo están reportando todos los medios de comunicación en Chile. Es allí cuando estalla la violencia, hay una corresponsabilidad en el manejo de una situación crítica, donde se supone que cuerpos profesionales deben comportarse profesionalmente.Luego hay otros grupos, que yo creo que producto de la rabia acumulada se han sumado a estos otros pequeños grupos y han desatado su deseo de expresarse también violentamente y de hecho ha habido daños cuantiosos.

Fotografía por Miquela Leporati

Pero no se han quemado ochenta estaciones de metro, han sido dos estaciones de metro que se quemaron, las otras tienen daños en la pintura, y graves daños en su infraestructura por esta marea incontenible de gente. Al inicio también hubo incendios pero los medios exageraron mostrando un gran edificio incendiado. Lo que sucedió es que incendiaron una bodega que luego prendió la escalera de incendios, pero en la foto desde lejos muestra como que si se estuviera quemando un edificio entero.

Sí ha habido supermercados incendiados, eso está bajo investigación porque incluso hay acusaciones de que cuerpos de personas que se encontraron calcinados no estaban allí, entonces hay una gran desconfianza en estos momentos sobre lo que están entregando los medios de comunicación en Chile.

Sí hay violencia, y tal vez lo que ha cambiado es la magnitud de la violencia, porque al parecer mucha gente que habitualmente no es violenta no ha hecho nada por impedir los actos de estos grupos, y es más los ha alentado producto de esa rabia contenida. Sin embargo todas las imágenes, todos los videos, nos muestran que el 99% de todas las manifestaciones son pacíficas, y eso es lo que no aparece mucho en los medios de comunicación, solo aparece aquello que llama la atención.

Creo que los medios tradicionales de comunicación han desinformado en Chile, abusando de las imágenes violentas, minimizando la masividad de las protestas pacíficas y alineando su discurso con el gobierno. La población que se ha manifestado masivamente en Chile lo ha hecho usando redes sociales y confiando en las radios, que han mostrado una mayor legitimidad para informar. Creo que el periodismo y los medios tienen una deuda moral con la población chilena.

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