El 20% más rico de Chile, es dueño del 72% de la riqueza

“Si Chile quiere dar un salto al desarrollo, necesita reducir la brecha de desigualdad”

Redacción por: Dalila Arriaza / Video por: Alejandra Melara

Fotografías por: Miquela Leporati

In Tempo– ¿Chile es políticamente un país polarizado?

Miguel Peñailillo: Yo diría que Chile es socioeconómicamente polarizado y políticamente está fragmentado, frustrado y desilusionado. Socioeconómicamente porque a pesar de los indudables avances que ha tenido en los últimos 20 años, en mayor educación, mayor acceso a oportunidades, mayores ingresos,  tiene también una desigualdad abismal. Lo reflejo de la siguiente manera: de acuerdo a las estadísticas internacionales, Chile tiene un ingreso per cápita de dieciséis a diecisiete mil dólares al año por persona, sin embargo más del 50% de toda la población empleada no gana más de $550.00 mensuales que equivalen a $6,600.00 dólares anuales; de allí que surge la pregunta lógica a una persona cualquiera, ¿y  dónde están los otros $10,000.00 dólares que en promedio ganaría cada uno? Eso tiene que ver con la distribución a la riqueza.

Chile tiene los mismos niveles de desigualdad que pueden tener otros países latinoamericanos como Brasil o México, pero Chile es parte de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y es el país más desigual de la OCDE. Si Chile quiere dar un salto en desarrollo, porque todavía no es un país desarrollado, necesita reducir la brecha de desigualdad y la OCDE ha llamado la atención sobre ese punto al Estado chileno, y hace más de 15 años que lo vienen diciendo.

Entonces hay una deuda que resolver, ya que la desigualdad es un freno al desarrollo. Se lo puedo poner de la siguiente manera: de acuerdo al estudio “Distribución de Riqueza no Previsional de los Hogares Chilenos” (julio 2017) del Banco Central de Chile, el 20% más rico es dueño del 72% de la riqueza, si no se considera el apoyo social del Estado. El estudio mide la desigualdad, estimando la riqueza de los hogares, excluyendo sus activos previsionales. En este momento hay tres clases sociales en Chile. La clase alta representa de acuerdo a los estudios de Cerc-Mori el 3% aproximadamente de la población y esa es la clase que no tiene problema para llegar al final del mes, y generalmente casi la mitad de ellos pueden ahorrar; luego tenemos una clase media que representa al 43% de la población, pero que llega justo a final de mes, con poca capacidad de ahorro, aproximadamente solo el 3%; y luego tenemos una clase baja que representa el 53% de la población, que apenas puede llegar con gran dificultad al final de mes, y no tiene capacidad de ahorro.

Ver https://www.bcentral.cl/-/determinantes-de-la-inflacion-de-servicios-en-chi-2

Si se toma en cuenta que la clase media y la clase baja viven a lo justo o tienen serias dificultades para terminar el mes y que el 74% de la población está sobre endeudada, puedes notar que cualquier cambio en los ingresos de una persona desestabiliza a esa familia, y que el cambio en los ingresos de muchas personas y familias de clase media, debido a crisis económicas, hace que fácilmente pasen a ser familias de clase baja. Se trata de amplios grupos sociales con un desarrollo económico vulnerable.

Lo que hay a mi juicio no es tanto la polarización, sino creo que hay una fragmentación de la política, una gran diversidad en los partidos políticos, pero también de personas que no adscriben a ningún partido político. Tome en cuenta que existen 20 partidos políticos de los más variados gustos, pero con gran desprestigio. De hecho los partidos políticos son de las instituciones que están peor evaluadas por la ciudadanía, con un 5% por ciento de confianza; hoy los ciudadanos son más demandantes y están totalmente insatisfechos con la política.

En la elección en que ganó el actual presidente de la República Sebastián Piñera, únicamente participó el 48% del padrón electoral, eso significa que el actual gobierno llegó a la presidencia con los votos del 26% del padrón electoral. En mayo de este año, el gobierno actual tenía una popularidad que había descendido al 33%, pero hoy se sitúa en el 14%. Significa que hay un problema político serio, de confianza en la clase política y en el gobierno, y que tiene una raíz socioeconómica.

Otro hecho evidente del contexto y que se debe tomar en cuenta es que en Chile durante casi 30 años hemos tenido serias dificultades para resolver nuestros problemas democráticamente. Esto es por una serie de restricciones, pero la principal restricción es una Constitución que no permite cambios democráticos y no permite cambios a la misma Constitución. Me refiero a cambios radicales, esenciales, importantes. Es una Constitución que ha sido modificada 200 veces en los últimos 25 años, con pequeñas modificaciones, porque no permite cambios radicales ni la participación ciudadana.

Entonces hay un rezago que viene desde el gobierno militar que es una constitución política que se llama híper-rígida, porque básicamente es imposible modificarla y es prácticamente imposible así tener una nueva constitución.

In Tempo– Ahora que usted menciona la dictadura militar. ¿Se heredó elementos de la dictadura del general Pinochet que ahora pesan mucho para el comportamiento de la sociedad?

Miguel Peñailillo: Evidentemente, elementos centrales de las grandes reformas que hizo el general Pinochet en su dictadura, están presentes en los problemas sociales que estallan hoy en día. El sistema previsional fue creado en la dictadura y prometió excelentes beneficios para todos los pensionados, sin embargo hoy hay doscientos veinte mil millones de dólares de ahorros previsionales de los trabajadores chilenos, que son administrados por un grupo de empresas; y los pensionados, treinta o cuarenta años después de entrar un sistema en funcionamiento, están recibiendo en su gran mayoría, pensiones mínimas que son subvencionadas por el Estado; El Estado subvenciona un mal sistema que no les garantiza a los pensionados recibir ingresos básicos, sino pensiones inferiores al sueldo mínimo luego de una vida de trabajo. El sistema fue establecido en dictadura, y no ha dado los resultados ofrecidos.

 In Tempo– ¿Otro tipo de privatizaciones que se heredó de este sistema y están afectando ahora?

Miguel Peñailillo: Las privatizaciones han afectado de alguna manera, pero especialmente el principio ideológico de que el Estado es subsidiario de la actividad de los privados, y que debe reducir su presencia. El sistema de salud por ejemplo fue establecido durante la dictadura, privilegiando los ingresos hacia el sector privado.  La mayor parte de la población chilena se atiende en el sistema público, pero los incentivos para la distribución de fondos dirigen los recursos al sector privado.

Los seguros privados obtienen gran parte del presupuesto público de salud, gracias al diseño del sistema, que está dirigido a privilegiar la operación de la empresa privada de salud en lugar del Estado, y el Estado hoy es quien atiende el 85% de la población que gana menos.

Por otro lado la salud privada es cara, solo puede alcanzarla el 15% de la población, esos son elementos cuya reforma es muy difícil porque la Constitución establece quórums  de votación muy exigentes.

Un proyecto de reforma legal solo puede ser patrocinado eficientemente por el Ejecutivo; el legislativo tiene posibilidad de esta reforma pero quien determina qué proyectos se tramitan en el Congreso es el gobierno.

Chile tiene un sistema de gobierno presidencialista, donde el Ejecutivo tiene gran capacidad para administrar la agenda legislativa, ya que el Presidente establece la prioridad de tramitación de los proyectos de ley. Una vez presentado un proyecto que interprete la Constitución por ejemplo, debe votarse favorablemente por el 60% de los Diputados en ejercicio, y luego por el mismo quroum en el Senado. Si modifica una ley orgánica debe hacerse por el 57% de los Diputados y luego de los Senadores en ejercicio; y si una reforma afecta derechos constitucionales debe contar al menos con la mayoría absoluta de los Diputados y Senadores en ejercicio, es decir, no bastan las mayorías relativas en el Congreso. Si aun así un proyecto es aprobado en ambas cámaras, el Presidente puede vetarlo. Finalmente, existe un Tribunal Constitucional con una fuerte inclinación conservadora, que opera como último muro. Para hacer reformas de fondo, se requiere cambiar la actual Constitución por una nueva y democrática, por lo tanto hay una gran rigidez para hacer cambios con respecto de algunas situaciones generadas por el gobierno militar.

Un fenómeno que no es jurídico ni económico, sino que social también viene heredado del pasado, pero fue reforzado por la dictadura militar, y es una concepción del orden tradicional, conservador, basado en que se tiene que respetar las reglas establecidas: no hay derecho a quejas, y la relación con la autoridad es vertical. Y esa noción de orden, que ha sido tradicional en Chile, pero que se reforzó en tiempo de la dictadura, está presente en muchos adultos que hoy toman decisiones en materia política y económica. Eso explica de alguna manera, la poca capacidad del gobierno actual para comprender la demanda ciudadana especialmente joven.

In Tempo: ¿Cuánto daño está haciendo en el presente esa relación vertical?

Miguel Peñailillo: El daño que está produciendo es principalmente político, no hay vía de salida para las expresiones de descontento de la gente, las expresiones se van por el canal institucional preestablecido en la Constitución, y ¿quién lo administra?, pues quien gobierna, y el Congreso.

La democracia chilena ha ido sacando algunos lastres del pasado, pero culturalmente también hay una generación que quedó marcada por el temor a las fuerzas armadas, el temor a las manifestaciones públicas, y por una idea de autoridad basada en la fuerza; y no en el diálogo, en el reconocimiento, en la autoridad o en el liderazgo.

Hay dos maneras de ver la autoridad y los derechos, que en estos días se han encontrado en la calle.

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