El periodismo es una de las profesiones más afectadas por el desempleo en Costa Rica

“Es importante que el periodista se preocupe por ensanchar su perfil profesional, especializarse, adquirir competencias y habilidades que lo hagan más atractivo en el mercado laboral”, expresa Andrey Araya.

Por Dalila Arriaza

IT: ¿Se puede hablar de estabilidad laboral para el gremio de periodistas? ¿O hay hostilidad laboral de algún lado?

Andrey Araya: Costa Rica está pasando, en términos generales, por una situación muy complicada en cuanto al empleo.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), desde el 2017, la tasa de desempleo viene en aumento, hasta situarse actualmente en un 12%, la más alta en los últimos 10 años. Si le sumamos la tasa de empleo informal, un 46.3%, al segundo trimestre de este año, y la desaceleración económica, vemos que realmente hay motivos para preocuparse.

Al primer trimestre de este año, el desempleo de los profesionales en periodismo alcanzaba el 22%, cifra que supera por mucho la media nacional. Es una de las profesiones más afectadas por el desempleo en nuestro país. La reducción en la publicidad en los medios impresos y el estancamiento en los digitales, ha golpeado mucho la estabilidad laboral de los periodistas, que han tenido que enfrentarse a las reducciones de planilla a las que se han visto obligados los medios, inclusive los más fuertes y tradicionales, para sobrevivir.

Sin embargo, hay que agregar otros matices. Estos índices se reducen sustancialmente cuando el periodista se preocupa por ensanchar su perfil profesional, se especializa y adquiere competencias y habilidades que lo hacen más atractivo en el mercado laboral; es decir, que pasa de ser un simple periodista a un comunicador integral.

De acuerdo con datos del Observatorio Nacional de Profesiones, con datos recopilados al 2016, el 92.6% de los graduados de licenciatura en las diferentes universidades del país, contaban con empleo al momento de la encuesta.

A esto podemos sumar un hecho reciente. El Consejo Nacional de Salarios, que fija los salarios mínimos para el sector privado, eliminó de la tabla salarial un rubro de disponibilidad del 23% que era específica para los periodistas. Con esto se ha equiparado nuestra categoría a la de bachilleres y licenciados de otras carreras, lo que borra las especificidades en función de las extensas jornadas y situaciones de riesgo que son propias del ejercicio periodístico.

IT: ¿De qué beneficios sociales goza el periodista en Costa Rica?

Andrey Araya: Los periodistas en Costa Rica no gozamos de beneficios sociales diferentes al resto de la población. Si logras emplearte en un medio, una agencia, o un departamento de comunicación de alguna empresa o institución, tendrás acceso, como cualquier trabajador, al seguro social, póliza de riesgos, etc.

Ahora bien, sí contamos con el Colegio de Periodistas y Profesionales en Comunicación (COLPER), que tiene por misión velar por el correcto ejercicio profesional de sus agremiados, pero que también implica ciertos beneficios, como un fondo de mutualidad, becas y el ofrecimiento constante de cursos y talleres de actualización profesional.

IT: ¿Viven la proliferación de fake news en Costa Rica?

Andrey Araya: Sí, y de manera muy intensa. Es un fenómeno al que no hemos escapado. Ahora mencioné algo sobre la posmodernidad, que ha venido a trastocar los criterios modernos de verdad y realidad, vistos ahora como difusas, líquidas, sin asideros, algo ya observado por el sociólogo Zygmunt Bauman, y que ahonda en su concepto de la modernidad líquida.

El poder de arrastre de las noticias falsas, que siempre han existido, se amplifica con el advenimiento de las redes sociales. Hay un cambio sustancial en los hábitos de consumo de información de la gente: la necesidad de inmediatez y acumulación de estímulos informativos (ya no solo de simples datos y hechos) se ha combinado con una necesidad casi incontrolable de interacción y difusión por parte de los usuarios de las redes sociales.

En este vertiginoso trasiego de información, muchas veces se pierde el criterio para definir qué es relevante, o qué es cierto y qué es falso. En ese terreno han incursionado algunos de nuestros medios, con iniciativas de verificación de hechos (fact checking), dedicadas a informar a su público no solo de la falsedad de ciertas publicaciones periodísticas (o que se hacen pasar como tales) sino también de las imprecisiones, omisiones y mentiras en el discurso oficial de gobierno.

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