Costa Rica se ubica entre los 10 países del mundo con mayor libertad de prensa

Andrey Araya, periodista costarricense comenta sobre la situación del periodismo en su país.

Por Dalila Arriaza

IN TEMPO: ¿Cómo describes las condiciones en las que se está ejerciendo el periodismo en Costa Rica?

Andrey Araya: Desde el punto de vista de la libertad con que ejercemos la profesión, las condiciones, aunque no inmejorables, son muy buenas.

De acuerdo con el ranking 2018 de Reporteros Sin Fronteras (RSF), Costa Rica se ubica entre los 10 países del mundo con mayor libertad de prensa. En términos generales. Aquí ningún medio es perseguido por su línea editorial, ya sea que esta adverse o se alinee con el discurso gobernante.

Esto no quiere decir que no se den casos de evidente presión de parte de las juntas directivas de los medios hacia sus equipos periodísticos, de grupos de interés que quieren colocar diferentes temas y enfoques en los distintos foros de discusión, inclusive del mismo gobierno a través de la pauta oficial, pero el periodismo siempre ha lidiado con eso, y es algo consustancial a este mientras no encontremos un modelo de negocio que le brinde un nivel de independencia a los medios, si no plena, por lo menos bastante razonable.

IT: ¿El ejercicio del periodismo en Costa Rica se desarrolla en un ambiente de verdadera libertad de expresión?

Andrey Araya: En términos generales, podría responder que sí. Ahora bien, habría que definir el término “verdadera libertad de expresión”, lo que no es un asunto menor, ya que tiene que ver con un plano ontológico de la democracia.

Lo que pasa con los sistemas democráticos es que son siempre perfectibles. Pero los ciudadanos solemos ver esta característica como una debilidad, ya que manejamos altas expectativas sobre lo que la democracia debe darnos. La brecha entre lo que queremos y lo que puede darnos en determinados momentos históricos, muchas veces genera malestares y escozores.

Por ejemplo, en Costa Rica nadie te meterá a la cárcel por salir a la calle y gritar que el presidente es un inepto. De hecho, las redes sociales de las instituciones públicas en este país suelen estar cargadas de comentarios de toda ralea, desde el elogio, la crítica rigurosa e inteligente, hasta el simple y llano insulto hacia la gestión de los funcionarios, y nadie teme que el aparato de inteligencia del país le vaya a tender una emboscada en la noche y lo desaparezca.

Pero las limitaciones a la libertad de expresión en un sistema como el nuestro en el que aún se conservan las formas, suelen ser más solapadas. No hace mucho, el director de Semanario Universidad, un medio perteneciente a la Universidad de Costa Rica (UCR), que es pública, no fue renovado en su cargo, a pesar de su historial como uno de los mejores periodistas de investigación del país, ganador del Premio Ortega y Gasset y del Pulitzer.

¿Qué pasó con este caso? En las semanas previas al rechazo de su continuidad, Semanario publicó una serie de reportajes sobre las acusaciones de acoso sexual supuestamente cometido por parte de destacadas figuras académicas de la UCR. Así que su salida del medio se interpretó como un ajuste de cuentas de la entidad dueña del periódico.

Hay otros ejemplos venidos ya del oficialismo, como el de un proyecto de ley propuesto el año pasado por el Partido Acción Ciudadana para castigar crímenes de odio y discriminación. El proyecto no fue visto con buenos ojos ni en el Congreso ni por parte de otros actores, ya que se consideró que actuaba como una “ley mordaza” de la libertad de expresión.

¿Quiere decir todo esto que no hay una “verdadera” libertad de expresión? Yo diría que no, en el sentido que mencioné de permanente perfectibilidad de los sistemas democráticos.

Andrey Araya Rojas (Limón, Costa Rica, 1980). Periodista y escritor. Licenciado en Comunicación de Masas por la Universidad Federada San Judas Tadeo.

IT: ¿Qué tipo de riesgos corre un periodista en Costa Rica? Delincuencia, régimen autoritario, censura oficial, autocensura, ciberacoso, amenazas, insultos, agresiones, etc.

Andrey Araya: Comencemos por el último de los términos que planteas: la agresión. Aquí no existe una agresión sistemática de parte de los grupos de poder hacia los periodistas.

No obstante, hay una crispación social en nuestro país, que se ha recrudecido en los últimos meses por las discusiones en torno a temas sensibles, como la reforma fiscal, derechos humanos de la población LGBTI, reformas al empleo público, entre otros.

Esto ha tenido su espejo en la calle, por medio de manifestaciones de los grupos interesados, en las que se han producido amagos de violencia. Lo que observo, y es sumamente preocupante, es que ahora esta violencia se descarga en los periodistas que dan cobertura a los hechos.

Por ejemplo, durante una marcha de protesta frente a la Asamblea Legislativa, Albino Vargas, secretario de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados, que es uno de los sindicatos más fuertes del país, incitó a los manifestantes a echar a unos periodistas que estaban cubriendo el evento. La turba se calentó y estos colegas fueron agredidos físicamente.

Pero esto ha sobrepasado las huelgas y manifestaciones. Hace un par de meses, un explosivo detonó afuera de las instalaciones de Teletica, una de las televisoras más tradicionales en nuestro país. Aunque solo hubo daños materiales menores, es algo inusitado en el contexto costarricense.

La gente tiende a ver estos sucesos como actos aislados. Inclusive hubo quienes, en redes sociales, minimizaron el hecho por tratarse de un explosivo de poco impacto. Pero yo lo veo como una pauperización del valor que la sociedad costarricense le otorga a la prensa y, en general, a las voces que no complazcan “mis paradigmas”, sea yo un liberal o un conservador, de izquierda o de derecha.

Y claro que se trata de un fenómeno mucho más complejo, que va de la mano, a mi parecer, de una radicalización ideológica, de una baja en los niveles de tolerancia de la población en general y con el surgimiento, en el imaginario colectivo del periodista, en especial de los medios, como el enemigo que tuerce la realidad de acuerdo con el grupo de poder que esté tras él.

En los últimos años, Andrey Araya ha colaborado con crónicas periodísticas, artículos académicos, reseñas y narrativa de ficción en revistas digitales dentro y fuera del país, como Cuba Encuentro, Teoría y Praxis, A 4 Manos, y Vacío.

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