Don Manuel

Recuerdo  de mi niñez que jugaba con semillas de marañón, chibola, trompo, hacía piscuchas, y  aprendí a poner montura a los caballos.

Por Iris Duarte

Don Manuel Rafael Meléndez, nació el 6 de julio de 1942, en el departamento de La Paz, Zacatecoluca. Su madre Josefa Meléndez era una mujer hogareña, Efraín Contreras su padre la abandonó sin saber que esperaba un hijo.

Mi madre murió cuando estaba en labor de parto de mi segunda y última hermana, cuando pasó eso yo tenía 5 años de edad, de ahí empecé a sufrir porque me dejó con mi padrastro, para ese entonces vivíamos en Jiquilisco, en una casa hecha de palmeras Cuando aún estaba en Jiquilisco yo me enfermé, y me llegó a traer la única hermana de mi mamá, yo ya tenía 6 años.

Mi otra hermana vivía también con mi tía, pero al final por parte de mi mamá solo quedé yo, porque mi hermana falleció y me quedé solito.

Llegué a los 12 años con mi tía, a esa edad yo no podía leer, sino que hasta los 14 años, medio aprendí a leer y escribir. Fui a la escuela hasta quinto grado, pero no aprendí nada de lo que correspondía en ese grado.

Lo único feliz que recuerdo de mi niñez es que jugaba chibola, trompo, hacía piscuchas, jugaba con semillas de marañón y aprendí a ponerle la montura a los caballos.

A la edad de 18 años conocí a mi padre, él vivía en Soyapango y lo busqué, y lo mejor de todo es que no me despreció; él trabajó en el Correo Central de San Salvador, en la caseta del tren. Recibía y entregaba correspondencia, me gustaba andar con él porque andaba panes con jalea de frutas y eran bien buenos, ya que él hacia la jalea. Para que yo pudiera trabajar en el Correo, papá me llenó la solicitud, ya que yo no podía leer ni escribir bien, y Dios fue bueno conmigo que a los 15 días me salió la plaza, para el pueblito de Usulután, Santa María. Ahí estuve como un año y diez meses. Ahí conocí a la madre de mis hijos, ella tenía 21 y yo 20, yo pasaba por donde ella estaba y de tanto insistir, me hizo caso.

Me dijo: desde la primera vez que lo vi me cayó bien… y con el tiempo nos acompañamos. Luego me trasladaron para Santa Ana y ella se quedó en el pueblito, cuando la fui a visitar, ya no se quiso quedar y se vino conmigo y buscamos un lugar para vivir y nos formalizamos.

Cuando me trasladaron para Santa Ana, entré a trabajar como ordenanza y a los tres meses me dieron de cartero en el Correo. Allí estuve hasta el año 1977. De ahí pasé un buen tiempo sin trabajar, fui a la alcaldía y ahí trabaje 24 años, primero en andar en los camiones y después de barrendero; en este lugar me pude jubilar.

Tuvimos 13 hijos, pero tres murieron y sólo nos quedaron 4 varones y 6 niñas. Me vine a casar con ella cuando yo tenía 50 años de edad para que así todos mis hijos llevaran mi apellido, ellos decían que estaba loco al  casarme a esa edad, pues ya estaban grandes.

Con mi esposa Estela Galeano pasamos por muchas cosas buenas y malas, nos tocó que vivir toda la guerra a mí me tocaba que hacer barricada, es decir tapar para que no pasaran los vehículos. Algunos de mis hijos e hijas optaron por irse en busca del sueño americano y hasta la fecha Dios les ha ayudado en esas tierras lejanas. Lastimosamente mi esposa se enfermó y murió en el año 2007.

Estela, mi esposa era bien celosa, creía que yo miraba o andaba con otras mujeres, pero siempre la respeté y no tengo hijos por fuera.

Desde que ella murió ya no quise tener a ninguna otra mujer como esposa, ni traerla para acompañarme en la casa, mis hijos me dicen que ninguna mujer estará en la casa donde vivió su mamá, y así será hasta que yo fallezca.

Estoy preocupado, tengo diabetes, he recaído dos veces y no reconozco a la gente, la última vez desperté cuando estaba en el Seguro Social, pasé ingresado tres días.

En los últimos años he viajado con visa de turista a Estados Unidos y a Canadá, mi sueño frustrado es que por cuestiones de dinero no puedo ir a conocer Europa, Italia, me encantaría apreciar esos lugares.

Doy gracias a Dios porque me tiene aún con vida a pesar que soy diabético y así disfrutar a mis nietos que son más de 15 y algunos de ellos ya tienen hijos y he conocido a mis bisnietos.

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