“En el vecindario murió una persona y nos donaron su ropa, y los primeros zapatos que yo usé”

La presidenta de Variedades Génesis cuenta sobre sus inicios en el mundo de los negocios y parte de su vida

Por Dalila Arriaza

IN TEMPO: Cuando vemos personas afortunadas en los negocios, es fácil desear ese éxito para nosotros. Sin embargo, mucha de esa gente afortunada de hoy, pasó años difíciles antes de llegar tan alto.

Sandra Pintín: Soy la cuarta de cinco hijos de una madre soltera, a causa de un padre con varias familias… soy de San Vicente, nací el 2 de junio del 79. Con una infancia llena de muchas necesidades. Mi hermano siempre dice que nosotros no probamos la pobreza, sino que la extrema pobreza. Tuve una niñez relativamente bonita, jugaba como todo niño, lo único malo era la tremenda escasez que sufríamos. Íbamos a pedir al vecino para comer, no tuvimos un vasito de leche o un huevo en la casa para comer. Mi madre nunca aprendió a leer ni a escribir, fue la primera de once hermanos, y le tocó criarlos. Hacía sus ventas para sobrevivir.

IT: ¿Qué hacía su papá? 

Sandra Pintín: Mi papá era “Maistro de obra”, como decimos en mi pueblo, era buen padre, porque recuerdo que nacieron mis 3 hermanos y el deseaba una niña y cuando yo nací fui la primera de las dos niñas. Mi papá dicen que enloqueció de emoción y siempre inclinó todo su amor y sus cuidados hacía a mí,  entonces yo era feliz, una niña consentida y amada, pero muy pobre… una niña descalza. A los diez años de edad en el vecindario se murió una persona y nos donaron su ropa, y los primeros zapatos que yo usé.

IT: ¿Tenían algo de tecnología? 

Sandra Pintín: No tenemos ni siquiera una fotografía de nuestra infancia, ya se puede imaginar la pobreza que sufríamos, no existía forma de tomar fotografías. El hambre dejó de ser hambre y se convirtió en algo normal irnos a la cama sin comer. Mi mamá se esforzaba por comprar un café y darnos un poquito a todos y eso muchas veces desayunábamos, sin nada más. Mi abuela a veces nos mandaba un poquito de frijoles, mi mamá los cosía…

IT: En su juventud, ¿las cosas cambiaron, hubo otras oportunidades? 

Sandra Pintín: Sí, mi mamá emigró hacia San Salvador con todos nosotros, por las múltiples necesidades y el conflicto armado; ya estando aquí, mis tías trabajaban; dos de mis tres hermanos mayores también, incluso uno de ellos aprendió un oficio. Todo mundo quería estar con “la abuela” porque ahí había comida y no éramos la excepción. Sólo que nosotros éramos los famosos hijos de “la María”, los que siempre andábamos descalzos, siempre con hambre, siempre queríamos comer un poquito más… cuando llegamos a la adolescencia a mi mamá le salió una gran oportunidad de aplicar a una casita pequeña en “La 29 de agosto” aquí nomás, cerca del centro. Total salieron 4 casitas, una para mi hermano mayor, una para un primo, una para mi abuela y otra para mi mamá. 

Sólo teníamos una banquita  donde mi mamá se sentaba y nosotros en el suelo. No teníamos cama, ni mesa, ni trastos… pero teníamos un techo para cubrirnos de la lluvia, sol, e inclemencias del tiempo. Aquí tenía 12 años, y mi mamá nos dijo a mi hermana y a mí, las voy a llevar donde Lucy para ver si les da trabajo… entonces, fuimos donde la tía que tenía un negocio de ropa usada y le dijo mi mamá: Lucy ¿qué posibilidades hay que te deje a Sandra para que te ayude?  Dejámela, pero no le puedo pagar, si al caso le podemos dar el almuerzo, (para mí eso era más que suficiente).

IT: ¿Cómo inicia la etapa de emprendedora?

Sandra Pintín: Comenzó cuando fui donde la otra tía y le supliqué que me diera la oportunidad de trabajar con ella en la venta de ropa; sí me dijo, venite, pero no te puedo pagar ni siquiera el mínimo, “te voy a  dar un poquito más de la mitad del sueldo mínimo”; y nos fuimos a trabajar mi hermano, mi hermana y yo con ella en esas condiciones. El esposo, un nicaragüense que toda la vida vivió en Estados Unidos le dijo, ¿porqué no viajamos a Estados Unidos y convertimos a todos estos muchachos en emprendedores y les ayudamos a montar su propio negocio?, ¡me parece! le respondió ella. Yo me dedico a la distribución y ellos que se dediquen a trabajar las tiendas; y así empezó el pequeño proyecto. Mi tía alquiló la primera parte de lo que actualmente es la casa matriz de Variedades Génesis para poner una venta de juguetes. “Este es mi proyecto, pero te lo entrego a vos para que iniciés por primera vez tu propio negocio”. 

Yo no quería porque esta calle era de mala muerte, tanto que me paraba enfrente a ver el tipo de clientes que circulaban todos los días. ¡Dios mío! Sólo bolitos, solo prostitución. ¡Qué voy a vender aquí, pensé decepcionada!

“Tía ¡aquí no! ¡aquí no, por favor! le decía, deme la oportunidad, pero en otro negocio (yo había visto un local sobre la primera calle, que era bien lindo, piso cerámico, aire acondicionado, tenía un ascensor)”. ¡No! Me dijo, imagínate que nosotros te vamos a dar el primer mes, te vamos a dar el depósito, te vamos a montar la tienda, pero si te vas tres meses para ese local quebramos nosotros y vos también quedas en la calle. Así Dios preparó este lugar para iniciar una historia que hasta este día seguimos escribiendo. 

IT: El panorama no se veía claro, una calle difícil y comenzar un negocio suele ser complejo. ¿Cuál fue su mayor fracaso o desacierto?

Sandra Pintín: No nos funcionó el negocio al principio, quiero ser sincera. Recuerdo que llegaba donde mi abuela y le decía “necesito que me preste los 6,000 colones que vale el local, porque me están cobrando y no he vendido ni siquiera para pagar el alquiler”. Mi abuela me los prestaba y yo le pagaba poquito a poco y así… pero en el 2001 fue el terremoto y fue desgracia para muchos, pero Dios usó esa situación para bendición de nosotros porque vinieron ONG’S y nosotros ni alcanzábamos a sacar lo que nos iban demandando. Todo lo vendíamos, y a su precio.   

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *