El Bazuca

“… como si no supieran bien que aquí la vida la tenés en un hilo”

Por Abigail Rivera / www.psi.com.sv / Foto tomada del álbum del rapero Logic “Under Pressure”

Doña Soledad está como ida, sentada en una silla de hierro toda llena de moho. Apenas mueve la cabeza cuando alguien se le acerca para darle el pésame. Está ahí toda tiesa, frente al féretro de El Bazuca con los brazos cruzados y los dedos hundidos en la piel. ¿Qué te puedo decir? Así como tiene los dedos de engarrotados, parece como si la niña Sole quisiera arrancarse pedazos de carne con las uñas. Si te fijás, bien rojo se le ve donde tiene apretado. La pobre señora quisiera tener navajas afiladas en lugar de uñas para hundírselas y desangrarse. Dicen que cuando alguien se va en sangre es como si se fuera apagando poco a poco, yo no sé, porque nunca me he desangrado, así el montón, pero así dicen. A lo mejor la niña Sole quiere irse en sangre para apagarse, así se olvidaría de ella y de El Bazuca.

La hermana de la niña Soledad, doña Martha, se me queda viendo toda emputada, vuelvo a ver a otro lado. Nunca le caí bien. ¿Cómo te puedo decir? La maitra creía que yo había metido a El Bazuca en las ondas de las drogas. Es cierto, una que otra vez fumé hierba con él, pero yo no fui el que lo metió en esas mierdas. Él solito por su cuenta fue hasta donde El Speedy por una línea de coca, y eso lo sé porque él mismo de su boca me lo contó, hasta me preguntó si no quería jalarle a esa mierda. Yo le podía hacer al monte, pero a ese polvo hijo de puta nunca le jalé. Decime, ¿qué ganaba con eso?

Yo sé que no soy un santo, pero nunca anduve influyendo a nadie para que se pusiera pedo. Él solo se ponía pedo porque quería. ¿Por qué creés que le pusieron «El bazuca» al pendejo? Porque cuando andaba bien en onda se ponía a decirle a medio mundo que tenía una bazuca debajo de la cama. La única bazuca que tenía era la que andaba colgando abajo. Ese hijo de puta sí era loco.

En fin, ¿qué te puedo decir? Cuando alguien se muere, más en la forma en que se murió El Bazuca, la familia no halla a quién culpar, como si no supieran bien que aquí la vida la tenés en un hilo. Solo es necesario que alguien se acerque con una navaja y reviente el puto hilo para que terminés encajonado.

Me levanto, paso de largo la caja y voy hasta donde está el café. Estoy sirviéndome un poco cuando siento la mano de alguien en mi hombro.

— ¿Te animaste a venir?—me dice don Gerardo, un vecino de la niña Sole y amigo de mi mamá.

—Sí—le digo.

¿Qué más puedo decirle? Decime, si estoy aquí parado, a unos pasos del ataúd donde está El Bazuca empaquetado, ya listo para ir a parar al panteón.

El viejo se me queda viendo un rato sin saber qué decir, hasta que al fin lo suelta.

—Mirá Javier, si ya viste a Mario—como en realidad se llamaba El Bazuca—, andate temprano, muy peligroso que te quedés más tiempo aquí. Yo ya me voy a ir. Pobrecita la niña Sole, pero uno ya no puede andar tan tarde en la calle.

Ni siquiera se toma la molestia de hablar suavecito, dos viejas se nos quedan viendo de reojo y luego susurran entre ellas. Yo solo asiento y le doy un sorbo al café. Mi silencio no satisface a don Gerardo.

— ¿Ya lo viste? —me dice, señalándome con la cabeza el cajón, o mejor dicho a El Bazuca dentro del cajón.

Niego con la cabeza y doy otro sorbo al café.

—No—le digo—. Todavía no.

—Dale el adiós y te vas. Y ni se te vaya a ocurrir ir al entierro mañana, ahí donde lo van a ir a enterrar está bien peligroso—es lo último que me dice antes de darme una palmada en el cuello e irse.

No le digo nada. Lo veo marcharse, así sin más. Luego observo la caja, parte de los buenos tiempos está ahí, apretado junto al cuerpo inmóvil de ese pendejo. Me empino lo que me queda del café, y sin alargar más la cosa, ya sabés, sin hacerme el que no quiere la cosa, me acerco por fin al cajón.

Vaya, hijo de puta. La gente no miente cuando dice que algunos muertos se ven como si estuvieran dormidos. Hasta escalofríos siento en la nuca. Mario se ve como si estuviera bien fondeado después de zamparse toda una caja de cervezas. Fijate bien, loco… ay no, ¿qué te puedo decir? Si no fuera por este vidrio y la caja donde está encerrado, juraría que el hijo de puta está bien a pija… No sé qué decirte, viejo, yo no soy de esos que al haber un muerto va a ir al velorio para acompañar a la familia, si vine fue porque Mario era un compa de años. Si desde que teníamos como… ¿cuántos? No me acuerdo, quizás como unos seis años, porque él tenía la misma edad que yo.

Bien me acuerdo, los dos con otros dos bichos del pasaje nos íbamos a jugar pelota a la cancha polvosa. Cuando veía que yo no salía, iba a tirarme piedras a la puerta. A mi mamá le emputaba que llegara tirando piedras… Imaginate desde cuándo lo conocía. Si cambió cuando se metió de lleno a esas babosadas de las drogas, tenía como once años, quizás. A partir de entonces, comenzó a llegar a mi casa una o dos veces a la semana, ya no era como antes que llegaba seguido. Pero llegaba, porque eso sí tuvo, nunca se olvidó de las buenas amistades el pendejo.

Me cuesta tragar saliva, viejo. ¿Cómo podría explicarte? Esto de estar tan cerca del cuerpo de Mario ya me dio ganas de vomitar. No es que sea asqueroso, no sé si me entendés… Es que se me vino algo a la mente, cuando era pequeño una vez escuché decir a mi mamá que después de preparar a los muertos les meten algodón adentro. Estaba viendo a Mario cuando de la nada recordé eso. ¿Te podés imaginar? Hace una semana Mario llegó a mi casa vendiendo hojuelas de REMAR, porque no sé si ya te había contado, loco, pero él se había metido a REMAR para dejar las drogas, decía que ya no quería esa vida, que en cualquier momento lo iba a terminar matando.

Lo que son las cosas ¿verdad? El maje dejó las drogas porque no quería morirse y de todas formas se murió, ¿qué se iba a imaginar él que lo iban a matar así sin gracia? Si él sentado estaba, porque sabés cómo fue la cosa ¿verdad? ¿O no? ¿Cómo te explico? Dicen, dicen ¿verdad? Porque yo andaba estudiando a esa hora que lo mataron, que él sentado estaba tomándose una Coca Cola con un maje que ni conocía, imaginate si no fue salado, ¡ni lo conocía!

La cosa está así: Mario andaba vendiendo hojuelas azucaradas y se acercó a donde estaba ese baboso que te digo para preguntarle si quería una bolsa de hojuelas. Habrá sido por lástima o por buena gente, pero le dijo que se sentara, que le iba a regalar una Coca Cola. Al rato de haberse sentado, dicen que pasó un carro negro rociándoles las balas. Y ahí quedaron los dos hechos colador.

A quien querían matar era a ese hijo de puta, no a Mario ¿o me vas a decir que no? Si el Mario nada le hacía a nadie, mejor él solo se hacía mierda cuando se metía mierdas al cuerpo. Si mirá, aquí en confianza, dicen que al que iban a matar era marero, pero como ahí estaba Mario, a él también le tocó. Ni modo, como te digo, así es la vida, aunque no tengás nada que ver con esa gente, si por mala suerte viste, oíste algo, ahí nomás te quedás, ya dejás de serpara convertirte en fue. Hoy ya no podés decir que Mario es, ¡hoy ya no! ¡Imaginate! Hoy tenés que decir Mario era tal cosa, Mario fue tal otra.

Voy a ir a sentarme mejor, me han entrado unas ganas de vomitar como no tenés idea, por un momento creí que iba a vomitar encima del féretro de Mario. ¿Qué puedo…? Decime ¿qué puedo decirte? Ahorita no sabría qué decirte… lo único que se me antoja es fumarme un cigarro. Tal vez fumándome uno se me quitan las ganas de vomitar… ah, mirá, tenía uno en el bolsillo trasero… pero… pero no ando fuego… ay no, creo que lo voy a echar todo aquí… ya me está pasando, ya me está pasando…esto es muy fuerte, viejo, muy fuerte… El Bazuca muerto, todo relleno de algodón… muy fuerte, viejo, muy fuerte… aunque según él ya estaba limpio, a él le hubiera gustado mil veces que en lugar de algodón lo hubieran rellenado de polvo hasta los huesos… ni siquiera sé por qué te estoy diciendo esto.

Como dice mi mamá, un día estamos al otro no estamos, ¿qué se le va a hacer? Hoy es El Bazuca mañana puedo ser yo o podés ser vos. Si eso de morirse no requiere mayor ciencia, si es en cuestión de segundos, dos plomazos, o con solo uno bien dado y ya estás tieso. Así es. Eso si tenés suerte de que te disparen, ahora imaginate a los que torturan y descuartizan.

Y no sé si vos lo viste, pero dicen que El Bazuca salió en las noticias. Sacaron adonde quedó tirado, todo ensangrentado… bocabajo dicen que quedó… yo no lo vi, pero así dicen que quedó. Me imagino que hoy en la noche van a repetir la noticia. No es por nada, no es que me ponga a hablar mierdas filosóficas, pero parece que solo muertos serviríamos, ponete a pensar, le daríamos más trabajo a los de Medicina Legal, más material a los noticieros y unos que otros periodistas harían sus reportajes de emociones enlatadas, de esos, viejo, de esos que pretenden sacar una que otra lagrimilla.

Solo fijate cuántos muertos no pasan todos los días en las noticias. Son tantos que los de Medicina Legal ya no dan abasto, y los periodistas ya no hallan qué putas poner en sus reportajes de mierda para conmover a la gente. ¿Y creés que les importa que esté muriendo tanta gente? ¿Qué te puedo decir? Pues que les importa una mierda. A lo mucho les importa porque les da algo qué hacer, pero hablando a las cabales, las muertes de los de abajo muy poco importan, porque a nadie le gusta ver para abajo, viejo, esa es la mera verdad. Más claro no te lo puedo decir. Los de abajo valemos mierda y punto.

De seguro estás pensando que ya me agarró de hablar puras babosadas, pero ¿cómo te explico? Así es cómo yo lo veo, y cómo creo que lo ve la mayoría de la gente que vive en estos hoyos plagados de violencia. A ningún pendejo le importa que la niña Soledad esté ahí muriéndose por dentro ni que a Mario lo hayan llenado de plomazos. ¿Qué se le va a hacer?

¿Y sabés qué? Ya va siendo hora que me vaya a la mierda. Ya fue demasiada verdad en un solo día. La mamá de Mario que apenas se mueve, el olor a candela, la gente que llora, la que no llora. Ya fue suficiente. Me acerco al ataúd y me despido de Mario para a continuación salir de la funeraria. Tal vez lo vuelva a ver, en unos años o un día de estos. No sé, cualquier cosa puede suceder.

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